Análisis del rol del pueblo kurdo en la Guerra de Siria (2011-2019) y posibles repercusiones en su estatus geopolítico futuro

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Análisis GESI, 18/2019

Resumen: el pueblo kurdo se ha convertido en uno de los principales actores a tener en cuenta en el conflicto sirio. Si bien no es hasta el 2014 cuando comienza a ser una pieza fundamental en la lucha contra el Daesh, en los años precedentes se desarrollaron una serie de acontecimientos y alianzas políticas en la región que manifestaban ya su creciente importancia.

A comienzos del 2016 todo parecía indicar que el conflicto podría favorecer eventualmente una mayor autonomía para los kurdos sirios. Sin embargo, los acontecimientos ocurridos en los dos últimos años en Siria parecen indicar que sus pretensiones políticas quedarán nuevamente relegadas en función de los intereses de las potencias regionales e internacionales.

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Introducción

Aunque el conflicto sirio comenzó siendo una guerra civil, pronto se convirtió en un enfrentamiento entre múltiples actores regionales e internacionales, estatales y no estatales, que han hecho del escenario sirio un auténtico tablero de ajedrez. En él, ha recobrado protagonismo un actor que parecía olvidado de la escena internacional: los kurdos, convirtiéndose en una pieza clave en el devenir de la región. 

Durante los ocho años que han transcurrido desde su inicio, han intervenido directa y/o indirectamente diversos actores: Estados Unidos y Rusia como potencias internacionales; Turquía e Irán como estados limítrofes que pretenden recuperar su protagonismo en el panorama político internacional; el propio gobierno de Bashar Al-Asad; la organización terrorista Daesh; y las fuerzas de oposición agrupadas, no sin cambios y diferencias entre ellas, en las denominadas SDF (Fuerzas Democráticas de Siria). Más reciente es la conformación de la Coalición Global, auspiciada por Estados Unidos ante la inoperancia real de la anterior, compuesta por un grupo muy heterogéneo de entre los que destacan los peshmergas kurdos.

Como consecuencia de la lucha de intereses políticos y económicos de cada uno de los actores, el escenario ha ido evolucionando con las sucesivas intervenciones, suponiendo de facto un impacto sobre la población asentada en la región, que se ha visto forzada a desplazarse, enfrentarse, sucumbir bajo las tropas del Estado Islámico o alinearse, bien a favor del gobierno o bien a favor de la oposición.

En este contexto, ha cobrado importancia un actor que anteriormente pasaba  desapercibido en el panorama estratégico: los kurdos. Aunque la población kurda no es mayoritaria en Siria (constituye del 7% al 10% de la población del país, calculándose en un total de 1,6 millones de personas), su papel en la contienda la ha convertido en una fuerza a tener en cuenta, y no podemos ignorar la influencia que puede estar teniendo este hecho en el resto de las poblaciones kurdas de los países vecinos (Turquía, Irán e Iraq). El pueblo kurdo, la minoría étnica sin estado más grande del mundo, con una población total de 30 millones, no está, sin embargo, unificado en torno a un objetivo único, y existen importantes diferencias ideológicas, lingüísticas y religiosas entre los diferentes grupos poblacionales.

Concretamente en Siria, tras el estallido de la guerra y la penetración del Estado Islámico en territorio nororiental, ha destacado la labor de los soldados kurdos englobados en el YPG y el YPJ como fuerza de combate. Es por ello que en este trabajo se pretende describir cuál ha sido el impacto del conflicto sobre el pueblo kurdo y extraer conclusiones sobre su posible evolución geopolítica, respondiendo a preguntas como estas: ¿Ha supuesto su intervención en la guerra de Siria una oportunidad de reclamar ante toda la sociedad internacional un mayor reconocimiento? ¿Se puede hablar de ellos como un factor estabilizador en el conflicto? ¿Ha supuesto su alianza con Estados Unidos un elemento clave para su asentamiento y organización en la región de Rojava? ¿Qué respuesta internacional ha suscitado su intervención en el conflicto? ¿Ha influido su actuación en la conformación de la política exterior de los países limítrofes?

Sea como fuere, los kurdos se han convertido en un aliado indispensable a tener en cuenta en la lucha contra el Daesh, del mismo modo que ha sido percibido como una amenaza para Turquía por su asentamiento y organización en la frontera turca. No debe olvidarse que, a ojos del gobierno de Erdogan, las Unidades de Protección del Pueblo y su entidad política (el PYD) no dejan de ser réplicas del PKK turco (Partido de los trabajadores de Kurdistán), considerado internacionalmente como entidad terrorista.

Para entender la relevancia de este actor, en este trabajo se exponen en primer lugar tres dimensiones del conflicto sirio: doméstica, regional e internacional. A continuación,  se relata la participación de los kurdos en él a través de sus acciones más importantes. En el siguiente apartado se expone la relación política del pueblo kurdo con cada uno de los actores que participan de algún modo en la contienda. Por último, presento una serie de conclusiones como resultado del análisis geopolítico comparado realizado entre la situación de los kurdos previa al conflicto y su situación actual, acompañada de algunas consideraciones finales sobre su prospectiva.

 

Enfoque metodológico

Inicialmente, planteamos las siguientes preguntas de investigación: ¿qué impacto geopolítico ha tenido la guerra en el pueblo kurdo en relación con su situación previa al conflicto? ¿Existe la posibilidad de establecer un Estado Kurdo? ¿Contribuyen las pretensiones kurdas a la estabilización del entorno en Siria?

Como hipótesis inicial, asumimos que la participación del pueblo kurdo-sirio en el conflicto ha mejorado su situación geopolítica, permitiéndoles su asentamiento y estabilización en la región que han denominado Rojava, que parece emular a su homóloga en Iraq: el Kurdistán iraquí, situado en la región nororiental del país, en las provincias de Duhok, Erbil y Slemani/Sulaymaniyya, declarada región semiautónoma en la constitución del 2005. 

Como segunda hipótesis, establecemos que la alianza del pueblo kurdo en el norte del país con Estados Unidos durante el conflicto habría fortalecido, al menos hasta comienzos del año 2019, su posición para lograr sus reivindicaciones. Sin embargo, el escenario parecía haber cambiado en el transcurso del último año tras el anuncio de la retirada de las tropas estadounidenses en la región. El establecimiento de las negociaciones entre EEUU y Turquía en lo concerniente a una “zona de seguridad” fronteriza hacían pensar que el apoyo norteamericano a las YPG estaba llegando a su fin, lo que dificultaría la capacidad kurda en el norte de Siria para continuar desarrollando su proyecto de autodeterminación.    Recientemente, los reiterativos  bombardeos turcos a los enclaves ocupados por población kurda próximos a la frontera y las fuertes sanciones económicas impuestas por el gobierno de Estados Unidos a la economía de Turquía plantean nuevas incógnitas, aunque se evidencia que estas medidas parecen no ser suficientes para devolver la confianza turca en su aliado occidental.  Esto podría significar un mayor acercamiento a un aliado más reciente, Rusia, y a la intensificación  de las negociaciones con el gobierno central de Damasco como última opción para afianzar la estabilidad, quien podría utilizar esta oportunidad, a su vez, para recuperar el control de los territorios sirios de la región nororiental del país.

En este estudio he realizado el análisis de los movimientos estratégicos de cada uno de los actores participantes en el conflicto y cómo cada uno de ellos ha afectado geopolíticamente a los kurdos. También, las alianzas políticas, económicas y militares fraguadas en la contienda y su influencia en el proyecto kurdo.

La disponibilidad de las fuentes es muy abundante y es fácil dejarse llevar entre los miles de artículos publicados hasta la fecha sobre el conflicto sirio. Por ello, como primer paso en la selección de fuentes, he diferenciado y contrastado por un lado, los artículos de prensa (descripción de los hechos) y por otro, los artículos académicos y las publicaciones en blogs especializados asociados a instituciones de investigación.  Los libros sobre el tema, debido a la rápida evolución de los acontecimientos, son muy escasos. Puesto que las consideraciones, previsiones y posibles escenarios futuros han ido variando de acuerdo al desarrollo de los acontecimientos, ha sido muy importante contextualizar temporalmente cada una de las publicaciones: un determinado escenario geoestratégico futuro podría tener sentido en 2015, pero ser muy diferente en el 2019.

Ahora bien, a pesar de la abundancia de información sobre la contienda, el impacto sobre los kurdos y su rol en el conflicto aparecen citados únicamente como apéndices en gran parte de ellos. Aunque existe una gran bibliografía sobre los kurdos, es más reducido el número de publicaciones que profundizan sobre su implicación en la contienda, y más concretamente en las implicaciones que ha supuesto en el desarrollo real de sus pretensiones políticas. Esta circunstancia es la que justifica el interés académico de este trabajo.

 

Los kurdos en Siria

La guerra de Siria está reconfigurando la mayor parte de los asuntos geopolíticos regionales  y su resultado determinará en buena medida el futuro de Oriente Próximo en su conjunto (Laborie, 2012). Entre las diversas cuestiones que se dirimen en la región, cabe destacar el futuro del pueblo kurdo asentado en la región norte y noreste de Siria.

Los kurdos de Siria proceden principalmente de la diáspora provocada por la represión de Kemal Ataturk entre 1924 y 1938 (Pellice, 2017). Tras la Primera Guerra Mundial, los kurdos vieron frustrados sus deseos de creación de un estado propio en Oriente Próximo cuando, tras la victoria de Ataturk en Turquía, se firmó el Tratado de Lausana en 1923. El tratado, que definía nación como “el conjunto político y social que tiene la misma lengua, la misma cultura y los mismos objetivos”, anulaba así el derecho a la autodeterminación de los pueblos contemplados en el Tratado de Sèvres (Fernández, 2005).  Desde entonces, se han entablado diferentes enfrentamientos entre la población kurda asentada en la región (repartida en cinco países: Turquía, Siria, Iraq, Irán y Armenia) y los respectivos gobiernos estatales. Estos gobiernos, en mayor o menor medida, han buscado la progresiva arabización de la población kurda y, en algunos casos, como Turquía, llevando a cabo duras campañas de exterminio.

Tras la configuración de las fronteras de Oriente Próximo y Oriente Medio con la ratificación del Acuerdo de Sykes-Picot, los kurdos han adoptado particularidades diferenciadoras como dialectos, afiliación tribal, liderazgo, ideología y experiencia histórica” (Laborie, 2012).  Es por ello que en la actualidad parece no existir un objetivo común entre las poblaciones asentadas en los diferentes países: mientras que unos reclaman la creación de un gran estado kurdo que englobe a toda la población (como es el caso del PKK turco o del Partido Democrático del Kurdistán, PDK en Iraq), otros abogan por una mayor autonomía dentro de un estado federado (Unión Patriótica del Kurdistán iraquí, PUK). Es en este escenario ideológico en el que se encontraban los kurdos en Siria cuando estalló la guerra civil.

En Siria, los kurdos suponen actualmente la mayor de las minorías étnicas del país y constituyen entre el 7% y 10 % de la población total. Se encuentran especialmente concentrados en las zonas agrícolas del norte y noreste. Desde la década de los cincuenta, las demandas del pueblo kurdo fueron duramente reprimidas por el gobierno sirio mediante la detención de sus líderes políticos y la confiscación de tierras de la región petrolera de Qamishli. Tras el ascenso del partido Baath al poder, el gobierno trató de arabizar la zona del norte de Damasco.  “Se les prohibía hablar en su idioma y se les negó la nacionalidad siria, convirtiéndolos en apátridas: sin acceso a derechos sociales y sin la posibilidad de salir del país”[1]. También se creó lo que se llamó “el Cinturón Árabe”: hasta la década de los sesenta el gobierno llevó tribus árabes enteras a la región que abarca desde Jazireh hasta Kobani, asentándolas en las regiones cercanas a las ciudades kurdas, desplazando así a la población kurda (Estévez, 2015). Tras el fracaso de la República Árabe Unida en 1961, la represión contra el pueblo kurdo en Siria continuó con el denominado Proyecto de Mohammed Talb Hilal.  Desde entonces, en las diferentes regiones en las que se encuentran, y salvando las diferencias entre unas y otras, la población ha sido tradicionalmente ignorada y/o reprimida.

En la actualidad, existe una amplia bibliografía dedicada al pueblo kurdo, siendo las obras más frecuentes las dedicadas los orígenes del pueblo kurdo y su evolución a lo largo de la historia. En particular, son innumerables los títulos sobre el PKK en Turquía y su enfrentamiento con el Estado turco. Obras como la de Manuel Martorell (Kurdos) o Kevin Mckiernan (The Kurds: A People in Search of Their Homeland) son fundamentales para comprender su historia, distribución y conformación social.

Sobre la población kurda asentada en Siria existen también estudios que ahondan en sus raíces históricas y en su evolución en las últimas décadas. Obras como la de Harriet Allsopp (The kurds of Syria: Political Parties and Identity in the Middle East) o su colaboración con Wladimir van Wilgenburg en “The kurds of Nothern Syria: governance, diversity and conflicts”, han aportado los pilares centrales sobre los que actualizar y ampliar la información. Finalmente, el análisis de su papel en el conflicto actual de Siria plantea más dificultades por la propia rapidez con la que se desarrollan los acontecimientos, pero diferentes think-thanks han abordado el tema, y artículos como los de Mario Laborie o Fernández Bermejo han aportado una serie de reflexiones como punto de partida para nuevos análisis.

 

Análisis global del conflicto en siria y su evolución hasta la situación actual

Tras el estallido de las denominadas primaveras árabes en Túnez, Egipto, Libia y Yemen, la población siria salió a las calles en Deraa para demandar al gobierno de Bashar Al-Asad una mayor democratización del país, siguiendo el ejemplo de los países del norte de África. Las libertades sociales estaban muy limitadas, el estado de emergencia se mantenía vigente, los sindicatos estaban prohibidos y no existía el derecho de reunión. Además, las instituciones públicas y las asociaciones estaban encabezadas por miembros de la familia del presidente y la organización administrativa se basaba en relaciones clientelares y de nepotismo. Del mismo modo que en Túnez, las protestas se extendieron rápidamente a lo largo del país. Se organizaron comités locales y el gobierno de algunas ciudades, como Hamma, fue destituido.

Sin embargo, mientras que en Túnez y Egipto el pueblo logró derrocar al Régimen,  Bashar al-Asad respondió a las protestas con la movilización del ejército y la dura represión de los levantamientos. El gobierno continuó en el centro del poder en Damasco pese a las sanciones económicas, la pérdida de apoyos internos y el aislamiento internacional.

Álvarez Ossorio diferenciaba varias dimensiones de análisis en el conflicto sirio (Ossorio, 2012): doméstica, regional e internacional, que trataremos seguidamente.

 

Dimensión doméstica del conflicto

Lejos de acabar con la oposición, la represión provocó la aparición de una respuesta militarizada. El 29 de julio del 2011 se conformaba el Ejército de Liberación Sirio (ELS). El ELS tenía como propósito “defender a los ciudadanos sirios y garantizarles un futuro mejor” (Ossorio, 2012). En su inicio estaba formado en su mayor parte por desertores del ejército gubernamental y voluntarios civiles, pero con el tiempo acabó componiéndose de brigadas y batallones que actuaban de forma autónoma y milicias de tendencia islamista (como Suqour al-Sham, la Brigada Al-Tawhid y Yeish al-Islam).

Poco después se fundaron el Comité Nacional Sirio (CNS) para impulsar la lucha por las libertades individuales, compuesto por un grupo muy heterogéneo[2] y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS).

El CNS nació con la voluntad de unificar a la oposición, mantener el carácter pacífico de la revuelta e instaurar una Siria democrática, civil y pluripartidista, con división de poderes. Defendía la legalidad internacional, la libertad de los derechos humanos y la garantía de los derechos de las minorías religiosas y étnicas del país. También se comprometió a que la futura Constitución reconociera los derechos nacionales de los pueblos kurdo y asirio, y la futura unidad territorial siria. Para coordinarse con el ELS se creó la Oficina de Enlaces Militares, que favoreciera el diálogo entre ambas formaciones, pues el principal problema de la oposición al Régimen fue la disparidad de actores que la conformaban, la falta de unidad en cuanto a las demandas políticas y la actuación por separado de las principales formaciones: el CNS desde el exterior y el ELS dentro de sus fronteras. Las fuerzas militares organizadas por los grupos opositores armados no poseían un mando unificado ni una estrategia militar. Por ello, se instauró en diciembre de 2012 un Consejo Militar Supremo, con el fin de establecer un plan militar destinado a derrocar al Régimen y evitar el avance de los grupos yihadistas.

Catorce meses después se evidenció el fracaso de la Coalición debido a sus diferencias internas, a la excesiva representación de los Hermanos Musulmanes, a su escasa influencia en los acontecimientos y a su falta de adaptabilidad frente a la evolución del conflicto. Así, en noviembre de 2012 el ELS se vio obligado a incorporarse a la Coalición Nacional de las Fuerzas de la Revolución y la Oposición Siria (Cumbre de Doha).

Fuente: Polgeonow

Por otro lado, como contrapeso al ELS y para preservar la identidad islámica tras el derrocamiento del Régimen, surgieron el Frente de Liberación Sirio y el Frente Islámico Sirio (FLS y FIS, respectivamente). Estas formaciones estaban encabezadas íntegramente por brigadas islamistas, y habían atraído a los grupos salafistas del Ejército de Liberación (Suqour al-Sham, la Brigada Al-Tawhid y Yeish al-Islam). En 2013 se incorporaron efectivos yihadistas liberados por el Régimen, que se convirtieron en la segunda fuerza rebelde tras el ELS, con 10.000 efectivos, concentrados en las ciudades de Idlib, Hamma y Alepo.  

Por tanto, a los rebeldes sirios iniciales comenzaron a sumarse grupos con pretensiones islamistas, e incluso organizaciones terroristas representantes de Al-Qaeda, como Al-Nushra. Estas agrupaciones discrepaban esencialmente con las pretensiones de la población kurda en la zona, organizadas en las Unidades de Protección Popular (YPG) de la región (Afrin, Kobani y Qamishli).

 

Dimensión regional del conflicto (intervención de potencias regionales)

Con la penetración del Daesh en Siria en 2014 se inició la fase de internacionalización del conflicto, en la que las potencias regionales e internacionales se implicaron directamente en la contienda. Asimismo, Basar al-Assad se vio obligado a recurrir a sus aliados para dar soporte a su ejército, pues comenzó a evidenciarse que por sí solo era incapaz de contener los avances y victorias del ELS.    

Irán, por su parte, apoyó al régimen alauí a través del empleo de fuerzas paramilitares y milicias chiíes. Además, la Guardia Revolucionaria iraní y Hezbolá contribuyeron al adiestramiento y entrenamiento de las Fuerzas de Defensa Nacional y del Ejército Popular. Para la República Islámica, Siria constituye un aliado fundamental en la región que facilita la influencia chií en El Líbano. Por su parte, Damasco había contraído ya por entonces una enorme deuda económica con Irán, fruto del envío de armamento y recursos petrolíferos necesarios para el desarrollo de la contienda. Al igual que Rusia, Teherán necesitaba la estabilidad política del régimen, pues le proporcionaba la salida al mar necesaria para la exportación de petróleo mientras que, a su vez, daba continuidad al proyecto del oleoducto como alternativa a su transporte a través del Estrecho de Ormuz[3].

 En Iraq podemos distinguir dos actores principales. Por un lado, el gobierno central de Bagdad y por otro, el Kurdistán iraquí, a su vez sesgado ideológicamente en tres facciones: el Partido Democrático Kurdo (KDP), la Unión Patriótica del Kurdistán (PUK) y Gorran (Movimiento por el cambio). En este contexto, los peshmergas kurdos, apoyados por Estados Unidos, fueron imprescindibles para combatir el avance del Daesh desde el territorio iraquí, logrando la recuperación, entre otros enclaves, de las ciudades de Mosul en Iraq y Raqqa en Siria.

Por otro lado, Turquía, Arabia Saudí y Qatar financiaron a los grupos islamistas combatientes, que pretendían instaurar un nuevo régimen en la región regulado por la sharía. Mientras que Arabia Saudí apenas disimuló su financiación a grupos de orientación salafista como contrapartida a los grupos chiíes promovidos por Teherán, Turquía, por su parte, permitió el avance de combatientes del Daesh por su territorio para facilitar su incorporación a las filas que se enfrentaban a los soldados kurdos en la frontera sur y sureste del país (Guiton, 2014). El segundo punto importante que desde el inicio de la guerra preocupó a Turquía fue la afluencia de refugiados sirios dentro de sus fronteras.

Para Israel, la intervención iraní en la guerra conllevó la posibilidad de que Hezbolá controlase nuevo armamento que en el futuro podría utilizar contra él. También suponía que la facción chiita libanesa estableciera una base de operaciones en el sur de Siria que le permitiera hostigar las poblaciones cercanas a los altos del Golán. Por otra parte, Israel velaba porque el incremento de la presencia naval rusa en las proximidades de Siria no afectara a las actividades de su marina de guerra en la zona.  Y, por último, le preocupaba que la nueva etapa en la relación de Moscú con algunos antiguos socios árabes –como por ejemplo Egipto, país que va a adquirir sistemas militares rusos– pudiera iniciar una carrera armamentística en la región (Jordán, 2015).

 

Dimensión internacional del conflicto

En 2014 EEUU encabezó la Coalición Internacional contra el Estado Islámico en Siria e Iraq[4]. Contribuyeron a la liberación de Kobani en enero de 2015 y en marzo de 2016 colaboraron para este fin con la recién fundada Federación Democrática del Norte de Siria (FDS). Lideró las ofensivas de la OTAN y constituyó el principal aliado de los combatientes kurdos en su lucha contra el Daesh, hasta que el 19 de diciembre de 2018 Donal Trump anunció la retirada de las tropas estadounidenses de Siria. ****

Rusia ha demostrado en más de una ocasión su apoyo al régimen sirio, vetando gran parte de las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Para reforzar su protagonismo en Oriente Medio, desplegó unidades de operaciones especiales que asesoraron, junto a la Guardia Revolucionaria iraní, a las fuerzas pro-Al Asad. En septiembre de 2015 llevó a cabo una intervención militar en la que bombardeó enclaves de grupos rebeldes y socavó las posibilidades de resistencia de la ciudad de Alepo al régimen de Damasco. Para el Kremlin, los rebeldes constituían la principal amenaza debido al apoyo otorgado por Estados Unidos y otras potencias de Oriente Medio. Es decir, podrían ser una alternativa aceptada al régimen de Al Asad. El Daesh, sin embargo, no constituía esa amenaza, y por ello los ataques aéreos rusos contra él fueron muchos menores (Jordán, 2015). Actualmente, Rusia mantiene su interés en la permanencia del régimen sirio, entre otros motivos para el mantenimiento de su instalación naval en Tartus como enclave estratégico en el Mediterráneo. Por ello, tras la reciente alianza entre Damasco y las fuerzas kurdas, se ha sumado a la condena internacional contra Turquía tras los ataques militares perpetrados en Manjib.

Las organizaciones internacionales tardaron casi un año en condenar las acciones de Damasco. Naciones Unidas aprobó la primera resolución del Consejo de Seguridad en abril del 2012[5] y desde esa fecha las medidas han estado encaminadas a la sanción del empleo de armas químicas en el conflicto, el envío de observadores militares o el suministro de ayuda humanitaria. Todas las propuestas de mayor envergadura han quedado disueltas tras las votaciones. Putin condenó los ataques contra el régimen sirio tras lo ocurrido en la ciudad de Duma, pero no obtuvo apoyos suficientes[6]. Por otro lado, sucesivamente ha empleado su derecho de veto, junto a China, para frustrar cualquier intervención de la Organización en la zona en apoyo a la oposición. Es decir, los debates del Consejo de Seguridad continúan siendo el reflejo de los intereses de cada una de las potencias en la región. A partir de agosto de 2019, tras los bombardeos turcos a las posiciones kurdas asentadas en el norte de Siria, el Consejo de Seguridad se ha reunido en diversas ocasiones para abordar y condenar dichas ofensivas militares.

La Organización del Atlántico Norte (OTAN) condenó reiteradamente el empleo de armas químicas por parte del gobierno, y respaldó los ataques de las potencias occidentales contra algunos enclaves del ejército de Damasco en 2018. Jens Stoltenberg, secretario general de la organización, afirmaba que “reduciría la capacidad del régimen a la hora de atacar más a la población con este tipo de armas”.          

Por último, la Unión Europea expresó su deseo de poner fin al conflicto y promover una transición integradora en Siria en la Estrategia de la UE para Siria (abril de 2017) y la Estrategia regional de la UE para Siria e Iraq, así como en relación con la amenaza que representa el EIIL/Daesh (marzo de 2015) [7]. En mayo de 2019 el Consejo Europeo declaraba haber invertido alrededor de 17 mil millones de euros en ayuda humanitaria. Al mismo tiempo, ha adoptado sanciones económicas, embargos de petróleo, restricciones de inversiones y llevado a cabo medidas para “establecer una política europea de migración eficaz, humanitaria y segura”. Recientemente, el 15 de octubre[8], los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea acordaron una condena unánime de los ataques contra las milicias kurdas llevadas a cabo por el ejército turco,  y se comprometieron a “mantener fuertes posiciones nacionales por lo que respecta a la exportación de armas a Turquía según la mencionada posición común 2008/944/CFSP[9]”.

La guerra de Siria dura ya ocho años y ha producido 371.222 fallecidos, según datos del Observatorio Sirio de Derechos Humanos en marzo de 2019[10], además de cinco millones de refugiados y un país arruinado democráticamente. El conflicto ha generado un éxodo masivo de refugiados que se han trasladado a los países limítrofes. Además, la prolongación del conflicto en el tiempo ha propiciado la llegada de combatientes extranjeros en ambos bandos y la radicalización del enfrentamiento en forma de guerra civil sectaria entre las diferentes confesiones y grupos étnicos que conforman la población de la región.

 

Participación de los kurdos en el conflicto sirio

Alentados y apoyados por los Estados Unidos y, en cierta medida, por Rusia, los kurdos han jugado un papel crucial en la guerra contra el Estado Islámico.

Al comienzo de la actual contienda, la población kurda permaneció ajena al conflicto, aunque poco tiempo después Bashar al-Asad les otorgó la nacionalidad siria con el fin de  mantener a la minoría kurda alejada de las fuerzas de oposición (mayo de 2011). Por entonces, Al-Asad necesitaba a sus soldados defendiendo Damasco y Latakia y, puesto que no contaba con la capacidad suficiente para luchar en todos los frentes controlados por los rebeldes sirios, sus tropas abandonaron las regiones al este del Éufrates. Rápidamente, los kurdos comenzaron a “tejer estructuras asamblearias para la organización política en la región” (Rosselló, 2019), mientras el control  de las ciudades del noroeste pasaba a manos del Partido de la Unidad Democrática (PYD).

Fuente: Columbia University

Políticamente, los kurdos tomaron relevancia en el CNS con el nombramiento de Abdel Baset Saida, un académico kurdo residente en Suecia, como nuevo presidente del Consejo en la asamblea celebrada en Estambul los días 9 y 10 de junio de 2012. Sin embargo, como he mencionado anteriormente, el CNS no tenía una influencia real sobre el terreno. Mientras, desde Turquía se buscaba una posible solución al conflicto por parte de representantes de la oposición, en el territorio sirio eran las unidades kurdas las que combatían de un modo más efectivo al Daesh.

En el mes de julio de 2012 se crearon las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), brazo armado del PYD, y se declaró oficialmente la liberación del territorio kurdosirio, conocido como Rojava, tras la retirada de las tropas de Bashar Al-Asad de Kobani, Afrin y Jazira. Sin embargo, en 2014 las fuerzas del Daesh penetraban en la región, conquistando la base aérea de Tabqa y extendiéndose por la provincia de Raqqa. Prácticamente, la totalidad de las ciudades kurdas situadas en la región nororiental de Siria cayeron en manos del Estado Islámico. Fue en la ciudad de Kobani, defendida por las Unidades de Protección Popular (YPG y YPJ), los peshmergas iraquíes (fuerzas

Fuente: www.agathocledesyracuse.com

armadas del Gobierno Regional del Kurdistán) y el apoyo aéreo estadounidense, donde las tropas del Estado Islámico encontraron una gran resistencia. En septiembre de 2015, la ciudad fue liberada del asedio del Daesh. Fue entonces cuando el rol de los soldados kurdos comenzó a tener protagonismo en la prensa internacional.

Desde ese momento, las YPG lideraron las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) constituyendo su principal fuerza militar. En marzo de 2016, los kurdos establecieron Qamishii como capital de facto de la región autónoma kurda de Rojava (Yazigi, 2016). Desde  el punto de vista político, el Movimiento por una Sociedad Democrática[11] (TEV-DEM) emergió como líder de las estructuras de gobierno kurdas, demandando una amplia autonomía en forma de región federal autónoma (Laborie, 2016: 15-16).  Jurisdiccionalmente, se organizaron en comunas, asambleas con comisiones mediante las cuales canalizaban la toma de decisiones. Por encima de ellas, se instauraron los consejos, de los cuales se elegía una junta en donde expresar las demandas del pueblo a nivel regional. Económicamente, se instauró un modelo social de cooperativas, que, con el transcurso de los años, se ha tornado en un modelo económico social. En la actualidad, conviven tres modelos económicos: el de comunidades, basado en cooperativas; el capitalista, previo a las declaraciones de autonomía, y el propio de la guerra, férreamente centralizado y que ha llegado a suponer el 70% del presupuesto del Gobierno autónomo de Rojava (Rosselló, D: 2013).

Fuente: www.elsaltodiario.com

El llamado también Kurdistán sirio se encontraba separado en tres cantones situados junto a la frontera turca: Afrin, Kobani y Jazireh. Sin embargo, el cantón de Afrin no se estaba unido territorialmente a los otros dos, por lo que el objetivo final era enlazar los tres cantones: en el este del Éufrates, Jazireh y Kobani, y más hacia el oeste, el mencionado y aislado cantón de Afrin, llevando a cabo la ocupación de las ciudades de Jarabulus y Azaz. Esto chocaba radicalmente con los intereses de Turquía, que en enero de 2018 decidió intervenir militarmente contra el avance de los kurdos en la frontera siria[12]. En marzo, oficiales turcos tomaron el control de la ciudad de Afrin y unas 200.000 personas huyeron de la región, pese a la solicitud de ayuda por parte de las milicias kurdas a la Comunidad Internacional. Los kurdos perdían el control de este  territorio mientras Turquía ignoraba el alto el fuego proclamado por el Consejo de Seguridad, alegando que la región no aparecía explícita en la resolución. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos contabilizó 137 civiles muertos por la operación turca Rama de Olivo. Por su parte, Turquía afirmó haber  neutralizado a un total de 2.184 combatientes kurdosirios. YPG declaró un total de 215 bajas entre sus filas[13]. Desde entonces, los kurdos combaten las presiones de Turquía por desestabilizar su asentamiento en la región del norte de Siria. El YPG es considerado por el gobierno de Erdogan un grupo terrorista por su vinculación al PKK turco.

En diciembre de 2018, el presidente Donald Trump anunció la retirada de las tropas estadounidenses que apoyaban a las fuerzas YPG, tras considerar derrotado al Estado Islámico. Paralelamente, el gobierno de Damasco evidenciaba su intención de recuperar las tierras situ de adas al noreste de Siria, una vez mermada la presencia del Daesh.

Frente al acuerdo acerca del establecimiento de una zona de seguridad acordada entre Estados Unidos y Turquía tras el anuncio de la retirada de los soldados estadounidenses, los kurdos manifestaron un profundo rechazo[14], alegando que Turquía no era neutral, sino una parte interesada en el conflicto y por ello no podía ser un garante de seguridad.

Fuente: www.globalnews.com

El pasado 9 de octubre Turquía comenzó la Operación “Manantial de Paz”, estrechando aún más el cerco sobre los asentamientos kurdos.

Fuente: Institute for the Study of War

 

Interacción de los kurdos con otros actores relevantes. pretensiones e intereses

Una ciudadana kurda comentaba en la ciudad de Rumeilan en 2013: “Los kurdos somos neutrales. No estamos con el régimen, y tampoco estamos con los rebeldes. El régimen y la oposición están luchando una guerra sectaria que puede durar décadas. Nosotros no queremos tener nada que ver con eso. Hablamos en nombre de la Primavera Kurda, no de la Primavera Árabe” (Doornbos & Moussa, 2013).

Aunque ésta ha sido la posición predominante del pueblo kurdo durante el trascurso de la guerra, éstos se han visto obligados sin embargo a entablar alianzas con actores enfrentados entre sí para poder defender sus propios intereses, principalmente frente a los ataques de Turquía y del Estado Islámico.

 

Relaciones de los kurdos con el gobierno central de Damasco

Aunque tradicionalmente el régimen Baath había ignorado las demandas de los kurdos e incluso atentado contra sus derechos más fundamentales (represión, detenciones, hostigamiento…), lo cierto es que desde los comienzos de la guerra existió un acuerdo tácito de no agresión entre Damasco y la población kurda. Bashar al Asad les concedió la autonomía con el fin de ganarse su amistad y se desinteresó temporalmente de los enclaves tradicionalmente ocupados por la mayoría kurda en el país, concentrándose en los frentes occidental y meridional. 

Esta situación se mantuvo hasta que el Daesh fue prácticamente expulsado de Siria tras la recuperación de la ciudad de Raqqa en octubre de 2017. Una vez que la coalición internacional (de las cuales los peshmerga conformaban el grueso militar) hubo abatido a la organización terrorista en la región y recuperado el control de gran parte de los enclaves que habían caído en manos rebeldes, el gobierno central de Damasco dirigió su interés hacia estos mismos enclaves. Para la fecha, Damasco había conquistado una gran proporción de territorio a las zonas rebeldes y por ello podía destinar más recursos a la frontera nororiental. 

Pese al creciente interés de Damasco por estos territorios, un año después, tras el anuncio de la retirada de las tropas estadounidenses, los líderes kurdos, temerosos del abandono a su suerte por parte de la Administración Trump, iniciaron diálogos con el régimen alauí. El presidente sirio se había postulado siempre contrario a las reivindicaciones de independencia de los kurdos en Siria, defendiendo la integridad territorial del país, pero ambos actores no aceptaban los ataques turcos en Afrin. Aunque al principio no proporcionó ayuda de forma directa, Al Asad permitió que los combatientes, civiles y políticos kurdos llegaran a Afrin a través de territorio bajo su control para combatir los ataques del ejército turco. A cambio, Damasco obtenía grano y petróleo de áreas del noreste bajo control kurdo (Bassam & Perry, 2018).  En diciembre de 2018, el Ejército sirio se desplegó por primera vez en seis años en la ciudad de Manjib por petición de las YPG, como apoyo frente a las presiones turcas en la frontera,  y se rechazó el acuerdo al que llegaron Estados Unidos y Turquía, que incluía la creación de una “zona de seguridad” bajo control militar turco en el noroeste de Siria. Ello no evitó que un año después, en abril de 2019, el gobierno sirio abogase por recuperar el control, a través de un acuerdo o por la fuerza, de todo el territorio que dominaban los kurdos en el norte y el noreste de Siria.

El pasado 15 de octubre, tropas del ejército sirio fueron movilizadas a la región de Kobani. El gobierno de Al Asad abogaba por la defensa de la soberanía sobre su territorio, considerando la incursión turca una violación de ésta. Tras la retirada de las tropas estadounidenses, las milicias kurdas solicitaron de nuevo el apoyo militar de Damasco para combatir los ataques turcos, incluyendo  en su acuerdo el apoyo sirio en la lucha por la recuperación de Afrin.

 

Estados Unidos, su apoyo a YPG, la Coalición global y la retirada de tropas

La potencia norteamericana fijó en 2015 los siguientes objetivos en Siria:
reducir la influencia de Irán, crear las condiciones para el regreso de los refugiados, eliminar las armas de destrucción masiva, facilitar la transición hacia un nuevo régimen e impedir el avance del Daesh (Brendan, 2018). Su estrategia se centró en el envío de tropas estadounidenses al norte de Siria a finales del año 2015, y, del mismo modo que había ocurrido anteriormente en Iraq, la administración norteamericana se apoyó en las fuerzas kurdas desplegadas en la región. La presencia militar del ejército norteamericano en Siria se organizó según el programa bautizado como Special Operations Joint Task Force, Operation Inherent Resolve (SOJTF-OIR) (Humud & Blanchard, 2019).

Las YPG, como grueso de la formación SDF, recibió armamento que incluyó ametralladoras pesadas, 6.000 morteros, vehículos blindados, equipos de ingeniería (Gordon & Schmitt, 2017), 12.000 fusiles Kalashnikov y 3.000 lanzagranadas, entre otros (Abed, 2017).

En diciembre de 2018, a través de un controvertido comunicado, el presidente Donald Trump anunció la retirada de tropas. Sin embargo, unas semanas después y ante la alerta internacional, Washington explicó que dicha salida se haría de forma progresiva y únicamente cuando tuviera garantía de que Turquía no atacaría de nuevo a las milicias kurdosirias. John Bolton, Consejero de Seguridad Nacional de EEUU,  afirmaba lo siguiente: “No queremos que los turcos lleven a cabo una acción militar que no esté completamente coordinada con Estados Unidos para que no pongan en peligro a nuestras tropas, pero tampoco (…) a las fuerzas que han luchado con nosotros contra el Estado Islámico”[15].

Sin embargo, según el coronel estadounidense Sean Ryan, portavoz de la Coalicicón Internacional, y comunicaciones del Observatorio Sirio de Derechos Humanos, la retirada comenzó el día 10 de enero de 2019[16].  El pasado agosto, Estados Unidos anunció el acuerdo con Turquía sobre el establecimiento de una zona de seguridad de 30 km de anchura en la frontera turco-siria. Tras el fracaso de esta iniciativa y la puesta en marcha de una nueva operación militar turca en territorio del norte de Siria, la potencia norteamericana amenazó con imponer una serie de fuertes aranceles económicos al país, entre los que destacaba la subida del 50% al acero turco y la paralización de cualquier acuerdo comercial entre ambos países.

 

Turquía y el problema kurdo

Turquía siguió de cerca los acontecimientos en Siria tras las primeras protestas contra Bashar al-Asad. El estallido de una guerra podía suponer la desestabilización de las fronteras, y la vecina Turquía podía verse afectada directamente por lo ocurrido en el Estado sirio. Por un lado, recibió la afluencia de refugiados que huían del Daesh y del régimen sirio. Por otro, condenó los movimientos llevados a cabo por las milicias kurdas YPG en el norte de Siria, pues consideró que el establecimiento de una zona semiautónoma regida por movimientos políticos kurdos podría significar una amenaza a la seguridad nacional. Para el presidente Erdogan, el PYD era el equivalente sirio al PKK kurdo, considerado internacionalmente una organización terrorista[17].

La política exterior turca centró su atención en dos aspectos: por un lado, en contener el flujo migratorio (hasta la fecha se calcula que unos 3,8 millones de sirios han huido a la vecina Turquía). Por otro lado, en frenar el avance del pueblo kurdo en la frontera,  Con este fin, en el período que abarca 2014 hasta la actualidad, Turquía ha llevado a cabo una serie de acciones militares que han sido condenadas internacionalmente:

  • Noviembre de 2016. Turquía apoyó militarmente a los rebeldes sirios en la operación contra el Daesh al norte de la provincia de Alepo, con el fin de evitar que las FDS se hicieran con el control de todo el norte del país y pudiesen conectar los territorios de Afrin y Kobani.
  • Agosto de 2016. Ankara anunció con anterioridad que no toleraría la presencia de las FDS al oeste del Éufrates. La operación, denominada Escudo del Éufrates, supuso la primera entrada de tropas turcas en Siria tras el inicio de la contienda, y  un cambio de rumbo en la política de Erdogan. Tras la operación, el Ejército turco consiguió liberar un área de 2.015 km2 que posteriormente entregaron al Ejército Libre Sirio. El gobierno de Ankara logró crear una zona de amortiguación (buffer zone) que abarcaba el espacio compartido entre Yarabulus y Azaz. Por el sur se extendió hasta la ciudad siria de al- Bab (Fernández, 2017).
  • En enero de 2018 soldados turcos llevaron a  cabo la ofensiva militar denominada Rama de Olivo para hacerse con el control de Afrin, que lograron el 18 de marzo  respaldados por facciones armadas sirias opositoras a Damasco. provocando la huida de más de 2000 personas.

 

Fuente: https://mundo.sputniknews.com/tags/event_Operacion_Ramo_de_Olivo/

  • Tras el anuncio de la retirada de las tropas estadounidenses, se inició una ronda de conversaciones que se ha dilatado hasta hoy, en las que EEUU y Turquía planeaban la creación de una “zona de seguridad o corredor de paz” que actuaría como colchón entre la frontera turca y las posiciones del YPG. Todo ello sin consultar previamente a los principales líderes kurdos regionales, que inicialmente manifestaron su descontento con esta negociación, ya que Turquía demanda que esta región se encuentre bajo su control, junto al desalojo de los milicianos kurdos en la franja y la devolución de la artillería pesada suministrada por EEUU. A finales de agosto de este año, tras la ratificación del acuerdo entre Turquía y la administración estadunidense, la llamada Administración Autónoma del Noreste de Siria inició que los primeros pasos para su retirada del área fronteriza ya se habían producido[18]. Sin embargo, esto no evitó que el 9 de octubre Turquía comenzase su Operación Manantial de Paz. Las fuerzas  militares turcas iniciaron una nueva ofensiva en la región fronteriza, controlada por las FDS, apelando al artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas[19]. Con ello, pretendía imponer  de facto la zona de seguridad que no era aceptada por las milicias kurdas, en donde “realojar a los refugiados sirios”.

Fuente: elaboración propia

 

Los kurdos y su relación con el Kremlim.

La finalidad estratégica del apoyo ruso a los guerrilleros kurdos de Unidad de Protección del Pueblo (YPG) era triple: primero, demostrar que Turquía, que exigía la retirada de al-Asad, había perdido el papel relevante en el conflicto sirio; segundo, poner de relieve la incoherencia de la estrategia de los EE.UU. en Siria y en la lucha contra el Estado Islámico y por último, provocar la división en el seno de la OTAN. (Milosevich, 2016).

En un intento de suavizar sus relaciones políticas con Turquía, en julio de 2019, el presidente ruso Vladimir Putin denunció el suministro de armas a kurdos y árabes al este del río Éufrates y declaró inadmisible la pretensión kurda de crear un estado semiautónomo en Siria. Compartía la postura de Al-Asad sobre el mantenimiento de la unidad territorial del país.

En enero de 2019 se iniciaron conversaciones oficiales con Moscú en la búsqueda de un aliado alternativo a Estados Unidos. Los dirigentes políticos kurdos presentaron en Moscú el Sistema de defensa general contra amenazas exteriores. La estrategia actual de los dirigentes kurdos consiste en la obtención de garantías rusas que impidan un posible ataque contra ellos del régimen sirio en los territorios del norte.

 

Conclusiones

¿Ha beneficiado la guerra de Siria a las históricas aspiraciones del pueblo kurdo de lograr una efectiva soberanía nacional? Todo parece indicar que no ha sido así.

Aunque el pueblo kurdo pareció disponer de una región autónoma dentro del Estado Sirio, es muy improbable que en el proceso de restauración del país se conforme como un Estado o federación semiautónoma similar a la establecida en Iraq tras la proclamación de la Constitución de 2003. Pese a que la región de Rojava ha instaurado su propia organización política, económica y jurisdiccional, la consolidación de su control de los territorios del noreste de Siria comenzó a remitir con la conquista por parte del Ejército de Turquía, ante la pasividad internacional, de Afrin en marzo de 2018. Durante el 2019, los recientes acontecimientos resultantes de la “Operación Manantial de Paz” efectuada por Turquía han supuesto el comienzo de una nueva fase  en el conflicto en donde los kurdos han recurrido a nuevos aliados que, aunque a corto plazo pueden suponer una solución, a largo plazo puede significar el retorno a su situación previa al conflicto en cuanto a control del territorio y autonomía se refiere.

Los combatientes kurdos parecieron recobrar protagonismo en el panorama internacional durante un tiempo, mientras fueron la principal fuerza de contención de las milicias del Estado Islámico de Iraq y el Levante (Daesh). Asistidos armamentísticamente por Estados Unidos en Siria e Iraq, lograron frenar el avance de la organización terrorista en Oriente Medio; sin embargo, una vez abatido en gran medida este enemigo común, las potencias regionales reclamaron la devolución de las zonas que sus gobiernos centrales no quisieron o no pudieron defender ante la presión del Califato Islámico. En Iraq, el gobierno de Bagdad arrebató al control kurdo la ciudad petrolífera de Kirkuk en octubre de 2017. En Siria, lo fue la región de Afrin, bajo control de Turquía. Además, una vez Bashar al-Asad afianzó su control en el oeste de Siria (Hamma, Alepo, Latakia), dirigió su interés a la recuperación del área nororiental, bajo control kurdo tras la expulsión de las fuerzas del Estado Islámico. Es más, ni siquiera  tuvo que combatir para adentrarse en Manbij. Este mes de octubre, Bashar al Asad ha aprovechado de nuevo la oportunidad de que sus soldados estén de nuevo presentes en esa región, algo a lo que había renunciado al comienzo de la contienda. La recuperación de su soberanía en el territorio parece ser un objetivo secundario, de momento, frente a la expulsión de los efectivos turcos, aunque me atrevo a afirmar que será su objetivo en un futuro no muy lejano.

Estados Unidos, aunque lejos de revocar la decisión de la salida de todos los efectivos estadounidenses en la región,  está llevando a cabo una fuerte presión económica para que Tayyip Erdogan desista en su deseo unilateral de crear la llamada “zona de seguridad” fronteriza. Si bien podríamos afirmar que a grandes rasgos la política exterior de Turquía en lo concerniente al conflicto se mantiene, también parece dispuesta a llevar a cabo la paralización de los ataques si se produce el repliegue de las milicias kurdo-sirias en la frontera. ¿Será algo que Estados Unidos solicitará a las milicias kurdas para no continuar con la tensión con Turquía, un aliado de la OTAN? También parece probable.   

Por último, aunque el Daesh está claramente debilitado, no debemos olvidar que parte de  Idlib sigue bajo control del grupo terrorista El Frente Al Nusra.  Con las fuerzas kurdas concentradas en repeler los ataques turcos, las células que aún estén activas en la región podrían reorganizarse.

Los kurdos han ganado las batallas, pero han sido los grandes perdedores de la contienda. Una vez más en la historia del pueblo kurdo, se han convertido en brazo militar de otros países en la región. El modelo estadounidense de proxy war utilizó su espíritu guerrillero para le consecución de sus intereses. Apoyó a la milicia kurda del YPG e YPJ, pero nunca se arriesgó a reconocer como válidas las premisas de su brazo político, el Partido de la Unión Democrática (PYD), por no ahondar en las tensiones con Turquía, su socio en la OTAN. Más recientemente, EE.UU. ha acordado una zona de seguridad con el presidente Tayyib Erdogan sin consultar a los líderes kurdos, que bajo ningún concepto aceptarán que Turquía asuma su control. Tras la decepción provocada por la Administración Trump, el YPG ha buscado nuevos aliados, sacrificando de nuevo el control de regiones con mayoría kurda.

El empleo de los kurdos por parte de diferentes gobiernos para enfrentarse entre sí ha sido una constante en la historia de este pueblo durante los siglos XX y XXI.  También lo son la sucesión de traiciones, decepciones y promesas incumplidas. En el foco de atención internacional, los kurdos aparecen difuminados frente a otras noticias de interés, y  la problemática kurda parece desvanecerse ante otras cuestiones.

La prospectiva que se vislumbra no es positiva para el grueso de la población kurdosiria. Sin un aliado firme en el que confiar, es probable que en los próximos meses se intensifiquen las conversaciones con las administraciones de Damasco (y por consiguiente la de Teherán) y Moscú.  La presencia de soldados del ejército sirio en la región de Rojava facilitaría la toma de control de la región por parte de Damasco una vez éste fuese considerado como el actor victorioso del conflicto. La creación del Kurdistán sirio no obtendrá respaldo internacional en un contexto en el que Bashar al-Asad ha retomado relaciones diplomáticas con la Liga Árabe y parece ser tolerado por numerosos países, que han abierto de nuevo sus consulados y embajadas en la capital siria. El régimen alauí se presenta como una mejor alternativa política a un Estado fallido o gobernado por fuerzas islamistas. Mientras sea así, ningún Estado se atreverá a contradecir la defensa de la unidad territorial propugnada por el gobierno central sirio. Los kurdos, una vez más, retroceden al punto de partida, no sin haber sufrido infinidad de bajas. Retomarán, mientras tanto su cántico, que dice así: “Las montañas son nuestras únicas amigas”.

 

Fátima Molina Domínguez es antigua alumna del Máster on-line en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional de la Universidad de Granada.

 

Referencias

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[2] El Consejo estaba compuesto por los Hermanos Musulmanes, los Comités de Coordinación Locales (CCL), la Declaración de Damasco, el Bloque Nacional, el Bloque Kurdo, la Organización Democrática Asiria, figuras independientes y dirigentes tribales.

[3] Teherán ha discutido con Bagdad la posibilidad de reabrir un oleoducto que une Irán y Siria a través del territorio iraquí para evitar el uso del Estrecho de Ormuz para el transporte de petróleo en el Golfo Pérsico. Ver https://es.news-front.info/2019/08/26/iran-busca-revivir-un-oleoducto-a-traves-de-irak-hacia-siria-en-medio-de-tensiones-en-el-estrecho-de-ormuz-medios-de-comunicacion/

[4] Combined Joint Task Force – Operation Inherent Resolve (CJTF–OIR), en la que intervienen Estados Unidos, Australia, Canadá, Dinamarca, Francia, Jordania, Países Bajos y el Reino Unido. Aquellos que han coordinado ataques aéreos en Siria incluye a Estados Unidos, Australia, Bahréin, Canadá, Francia, Países Bajos, Jordania, Arabia Saudita, Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Reino Unido.

[5] En la Resolución 2042 se aprobó el envío de observadores internacionales a la región para supervisar el alto el fuego. En 2014 la Resolución 2139 condenaba el empleo de barriles bomba. La 2254 establecía un plan de paz para Siria un año después, en el que la ONU se postulaba como mediador entre el gobierno central y la oposición. La Resolución 2336 fue calificada en 2016 como una iniciativa importante de cara a las posibles negociaciones con Al Asad.

[6] El 14 de abril de 2018, Estados Unidos, Reino Unido y Francia bombardearon algunas posiciones del ejército de Al Asad como represalia al ataque químico de Duma.

http://www.rtve.es/noticias/20180414/estados-unidos-reino-unido-francia-atacan-centro-investigacion-dos-depositos-armas-siria/1714141.shtml

[9] La 2008/944/CFSP define la Posición Común del Consejo acordada en diciembre de 2008 que define las normas comunes que rigen el control de las exportaciones de tecnología y equipos militares.  Puede consultarse en https://eur-lex.europa.eu/legal-content/EN/TXT/?uri=CELEX%3A32008E0944

Sobre la postura española, puede consultarse la página oficial de la presidencia, en donde se anuncia la denegación de nuevas licencias de exportación de material militar a Turquía. https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/exteriores/Paginas/2019/151019-turquia-siria.aspx

[10] Syrian Observatory for Human rights, 15/03/2019 http://www.syriahr.com/en/?p=120851

[11] El TEV-VEM es una Coalición de partidos y grupos sirio-kurdos dominado por el PYD. Su objetivo es alcanzar una amplia autonomía en forma de regional federal autónoma, capaz de auto-gobernarse.

[12] Ofensiva militar de Turquía denominada “Rama de Olivo” para hacerse con el control del enclave kurdosirio de Afrín (Mesenguer  y Zurutuza,  2019: 22)

[14] Declaraciones del líder kurdo Aldar Jalil en París a la AFP.  https://www.arabnews.com/node/1454136/middle-east

[17] Durante el período que abarca la guerra de Siria, Turquía se ha visto comprometida en dos escenarios con la población kurda: por un lado, los ataques llevados a cabo contra las milicias kurdas en el norte e Siria. Por otro, los vaivenes de su política interior en relación al PKK, que ha osciló entre períodos de alto el fuego (2012-2015) gracias a las negociaciones con el líder del partido, Abdullah Öcalan, en el denominado Proceso de Imrali, hasta la ruptura del proceso de paz en julio de 2015, dando de nuevo lugar los enfrentamientos entre las Unidades de Protección Civil (YPS) afines al PKK y Ankara. (incluir cita bibliográfica)

[19] Para obtener la declaración oficial de Turquía sobre la operación, puede consultarse su página de Asuntos Exteriores: http://www.mfa.gov.tr/no_297_-baris-pinari-harekati-ni-hedef-alan-yorumlar-hk.en.mfa

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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