África a través de las amenazas y dinámicas que influyen sobre su seguridad

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Análisis GESI, 16/2016

Resumen: El proceso de descolonización en África y el final de la Guerra Fría permitieron el surgimiento de procesos democráticos y una mejor gobernanza en el continente, tras un largo período dónde fenómenos como la anarquía, la insurrección y la crueldad desmedida se convirtieron en una realidad cotidiana.

Sin embargo, durante los últimos años se observa un resurgimiento de nuevas amenazas a la seguridad y el desarrollo que se encuentran interrelacionadas entre ellas, por lo que se hace necesario un importante esfuerzo de coordinación en todos los niveles, no solo a través de los vectores tradicionales de la seguridad, sino también a través de otros como la seguridad económica, energética, el desarrollo, la sostenibilidad medioambiental  o la seguridad sanitaria.

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Introducción

El analista político Robert Kaplan concluye en su obra “La venganza de la geografía” que la naturaleza ha colocado demasiadas piedras en el camino de África. A pesar de ser el segundo continente más grande del mundo, con una superficie cinco veces mayor que la de Europa, su litoral carece de puertos naturales o ríos navegables desde el mar, el interior y la costa del continente quedan asilados entre sí. De igual manera, el desierto del Sahara dificulta el contacto humano del norte y por tanto África no se ha visto expuesta a las influencias de las grandes civilizaciones mediterráneas, tanto en la antigüedad como posteriormente. También hace referencia a las selvas que se extienden desde el golfo de Guinea hasta la cuenca del Congo, sometidas a fuertes lluvias y un calor intenso, poco amigas de la civilización y que en todo caso no facilitan el establecimiento de fronteras naturales, de ahí que las trazadas por las potencias europeas sean forzosamente artificiales[1].

Estas fronteras artificiales tienen su origen en una geografía que fue sometida a partición a finales del siglo XIX y cuyos efectos perdurarían décadas. Durante el desarrollo de la Conferencia de Berlín el principal propósito fue promover la civilización de los africanos, abriendo el interior del continente al comercio, para ello se definieron tres objetivos específicos: la libertad de comercio en el Congo y el Níger y el acuerdo sobre las formalidades para una válida anexión de territorios en el futuro.

La Conferencia de Berlín no regularizó la disputa por África, simplemente señaló el hecho de su participación y estableció de esta manera en las relaciones internacionales, las normas y condiciones para las nuevas y sucesivas ocupaciones en África bajo la acción del imperialismo europeo. De esta manera, la posterior ocupación europea del continente se sitúa, según un gran número de autores, entre las principales causas de la inseguridad y la inestabilidad en las naciones africanas, llegando a alcanzar un carácter crónico en éstas.

Posteriormente, el proceso de descolonización y el final de la Guerra Fría permitieron el surgimiento de procesos democráticos y una mejor gobernanza a lo largo y ancho del continente, tras un largo período dónde fenómenos como la anarquía, la insurrección y la crueldad desmedida se convirtieron en la realidad  cotidiana. África recorrió una larga década entre la caída del Muro de Berlín y los atentados del World Trade Center que le han permitido explotar sus potencialidades más que sus riesgos.

Sin embargo, durante los últimos años, parecen surgir indicios que muestran un progresivo regreso del caos en el continente. El Índice de Paz Global publicado por el Instituto de Economía y Paz durante el año 2015 constata un empeoramiento en el continente africano de indicadores tales como el número de refugiados y  desplazados, el número de víctimas en los conflictos internos, y el impacto del terrorismo[2]. La tendencia que se puede apreciar muestra que el mundo se está dividiendo entre países que disfrutan de un nivel de paz y prosperidad sin precedentes, y otros que cada vez se ven más y más inmersos en una espiral de violencia y conflicto, siendo esta espiral especialmente perceptible en el continente africano. 

El profesor Calduch, en un artículo titulado “Las silenciosas amenazas africanas”, realiza un esbozo de los riesgos que recorren el continente africano y que abarcan desde la progresiva descomposición del estado libio,  o la amenaza que representan el terrorismo yihadista, hasta la piratería y el tráfico de estupefacientes, que poco a poco van ocupando el territorio de los fallidos estados africanos para imponer su poder a las poblaciones mediante el temor y la corrupción[3]. En su análisis concluye que “[…] sería un grave error de la Política Exterior y de Seguridad Común de la UE considerar que tales amenazas son secundarias porque no afectan de un modo directo e inmediato a la mayoría de los estados miembros”. Aspecto en el que previamente había hecho hincapié el jefe de la lucha antiterrorista de la Unión Europea, Gilles de Kerchove, al desgranar las amenazas que afronta Europa debido a las turbulencias africanas[4].

El continente africano será escenario en los próximos años de algunos de los desarrollos más significativos del planeta: con un crecimiento sin precedentes de la población, un gran cambio económico y urbano y, potencialmente, la reconfiguración a gran escala de algunos de sus Estados[5]. Europa, consciente de las oportunidades y amenazas que recorren el continente africano y de los riesgos que pueden llegar a significar para la seguridad propia, desarrolló a principios del año 2004 la Política Europea de Vecindad, con el objetivo de evitar la aparición de nuevas líneas divisorias entre la Unión Europea y los países vecinos, consolidando para ello un entorno de estabilidad, seguridad y bienestar. El desarrollo de esta Política abordaba los objetivos estratégico establecidos en la Estrategia Europea de Seguridad.

Por su parte, la Estrategia Europea de Seguridad se redactó a instancias del Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común, Javier Solana, y fue adoptada por el Consejo Europeo en Bruselas en diciembre de 2003. En ella se definen los retos mundiales y las principales amenazas contra la seguridad, además de clarificar los objetivos estratégicos de la Unión Europea para hacer frente a estas amenazas. Entre los objetivos estratégicos que establece se encuentra la construcción de la seguridad en los países vecinos con objeto de fomentar que los situados en nuestras fronteras exteriores estén bien gobernados, ya que una de las características fundamentales de la realidad internacional en la actualidad es la interdependencia. La interdependencia hace que las acciones u omisiones vayan más allá de quien las realiza y de sus consecuencias inmediatas. La interdependencia nos hace a todos vecinos; nos condiciona profundamente y nos obliga cambiar pautas y marcos de análisis[6].

Es fácilmente apreciable que la interrelación entre conflicto, inseguridad y pobreza es intuitiva. El conflicto genera inseguridad, que evita el desarrollo y, por tanto, provoca pobreza. Esta, a su vez, realimenta el conflicto y vuelve a empezar el ciclo, lo que genera un círculo vicioso que se realimenta y crece. Por tanto, es necesario crear unas condiciones de paz y seguridad mínimas que permitan cierto desarrollo, a partir del cual mejorarán los niveles de pobreza y se debilitará el conflicto. De esta forma, se asentará un ciclo inverso al anterior, en el que la paz y la seguridad incrementarán la estabilidad y, consecuentemente, el desarrollo. A partir de aquí, crecerá la riqueza, disminuirá la pobreza y el conflicto se irá debilitando. Resulta pues evidente que sin el previo desmantelamiento de las amenazas regionales, cualquier iniciativa de cooperación al desarrollo, o incluso de ayuda humanitaria, el intento de control sobre los flujos irregulares de personas, o la lucha contra las organizaciones terroristas y las redes de crimen organizado transnacional están condenadas al fracaso a medio y largo plazo.

Además, la traslación de los ejes geoestratégicos que giran desde el oeste y el norte, al este y el sur hace que África se convierta en un elemento fundamental de la seguridad internacional. Dada la diversidad de amenazas que afectan a la seguridad hoy en día, entendida de forma amplia y alejada de conceptos obsoletos vinculados exclusivamente a la seguridad del territorio, se hace necesario estudiar una multitud de ámbitos y tendencias que tendrán influencia sobre la seguridad continental.

 

La situación de seguridad en el Continente africano

La percepción más habitual es que existen dos Áfricas, que viven la una junto a la otra, a veces solapadas y a menudo enfrentadas; la una se apega a la violencia, a la tiranía, a la corrupción; la otra lucha por el desarrollo económico, la estabilidad y la seguridad. Dos Áfricas que compiten por el futuro en un enfrentamiento entre diferentes visiones que se libra a diario[7].  Si bien se puede afirmar que entre los países de África existe suficiente diversidad, no puede obviarse que algunos factores se repiten en todas las naciones del continente y son causa de una permanente inestabilidad.

Diversos son los factores que influyen en el análisis de la seguridad en el continente africano. Naciones Unidas calcula que en el año 2050 la población africana puede alcanzar los 2.700 millones de habitantes, de los cuales un porcentaje superior al 30% tendrá menos de catorce años. Este crecimiento demográfico hará que la población africana pueda llegar a suponer en unos años el 25% de la población mundial, configurándose como la población más joven del planeta, con una edad media de veinte años. Junto al crecimiento demográfico, gran parte de los países africanos han visto durante los últimos años como su economía se ve beneficiada por la inversión extranjera, los recursos naturales, minerales y energéticos y la paulatina estabilización política del continente.

Sin embargo, en gran parte del continente persisten la pobreza, una mala gobernanza, conflictos internos y fenómenos de corrupción; todos ellos factores que inhiben el desarrollo económico y que contribuyen a la generación de inestabilidad e inseguridad. A estos es necesario añadir una visión radical y violenta del islamismo, que se ha fortalecido a lo largo y ancho del continente, fundamentalmente en la zona del Sahel y el Magreb. Si el crecimiento económico se ve lastrado por la amenaza yihadista y las dificultades en diversos ámbitos, una explosión demográfica en un ambiente de tal inseguridad, la pobreza o una eventual hambruna repercutirán sobre la seguridad general del continente. Con este panorama se hace más que nunca fundamental redoblar los esfuerzos en seguridad ya que ningún progreso es viable sin ella[8].

También se hace necesario hacer referencia a un proceso de descolonización en el que no se tuvo en cuenta la diversidad tribal, lo que genera estados nación de carácter inestable; un deterioro de la convivencia religiosa en los últimos años; una falta de bases firmes para la construcción de un estado democrático sólidamente asentado; un constante abuso de poder y recurso a la ilegalidad; y un alto índice de emigración provocado por una tasa creciente de población y la incapacidad del Estado para proveer de los servicios mínimos requeridos por la población.

Esta diversidad de factores, unidos a otros relacionados con el fenómeno de la globalización y el auge de las nuevas tecnologías hacen necesario abordar el estudio de la seguridad continental en África desde una visión amplia e integradora, alejada de compartimentos estancos y visiones obsoletas centradas exclusivamente en aspectos tradicionales de la seguridad.

En la presentación del estado de las situación del continente africano realizada por el Comandante del Mando Africano de los Estados Unidos, general David M. Rodríguez, en marzo de 2014 ante el Senado se esbozó un entorno estratégico que se caracteriza por la creciente importancia que África posee para la comunidad internacional dada la creciente influencia que ha ido adquiriendo el continente en el ámbito global. Sin embargo, el proceso de desarrollo iniciado por los países africanos podría encontrarse bajo la influencia de un entorno general de seguridad donde las amenazas mantienen un carácter evolutivo e incierto que influyen negativamente en las dinámicas iniciadas.

Las principales amenazas a las que se refirió el general Rodríguez en su exposición fueron la expansión de las organizaciones de carácter terrorista a lo largo del continente aprovechando las situaciones de inestabilidad, la carencia de estructuras estatales firmemente establecidas en la totalidad de los territorios y la permeabilidad de las fronteras; una inestabilidad regional que genera tanto la debilidad de las estructuras estatales existentes, como conflictos que se extienden por todo el continente y entre cuyas características comunes se encuentran una extrema complejidad, una gran asimetría y un carácter eminentemente imprevisible; y por último, un acuciante déficit en las estructuras de integración regional existentes, que evitan una lucha eficaz contra la amenazas de carácter transnacional como son aquellas que representan el terrorismo, los tráficos ilícitos de todo tipo y las redes de inmigración y explotación humana.

Entre las prioridades más inmediatas que consideraba necesario enfrentar destacó la lucha contra el extremismo en las regiones de África occidental, oriental y el Sahel, para contribuir al fomento de la estabilidad en estas regiones;  contribuir al fomento de la estabilidad en la región del golfo de Guinea; y continuar las acciones encaminadas contra los actores no estatales presentes en el continente.

Esta comparecencia se desarrolló tan sólo unos meses antes de la primera Cumbre entre Estados Unidos y África, que tuvo lugar en agosto de 2014 en Washington, donde se reunieron jefes de Estado y delegaciones de cincuenta países africanos bajo el sugerente tema de “Invertir en la próxima generación”. La Cumbre tenía como objetivo convertirse en un foro donde discutir las diferentes posibilidades que los Gobiernos representados poseen para estimular el crecimiento de manera que se garantice el futuro de las próximas generaciones en el continente africano. En los planteamientos previos al desarrollo de esta Cumbre, el presidente de la Unión Africana, Mohamed Ould Abddel Aziz, no obvió la estrecha relación existente entre seguridad y desarrollo al afirmar antes del inicio de la Cumbre que “[…] no hay desarrollo sin que se garantice la seguridad de la personas y las propiedades, ni es viable la seguridad sin un desarrollo eficaz”[9].

Ante el patente deterioro del entorno de seguridad a lo largo y ancho del continente africano, las diferentes delegaciones asistentes mostraron su unanimidad al afirmar que los acontecimientos en Malí, Sudán, Libia, Nigeria, Kenia y Somalia demuestran que las amenazas a las que se enfrenta el continente africano deben ser abordadas de forma global, pero manteniendo la perspectiva de que el futuro de la región es una responsabilidad fundamentalmente de los países africanos. En este sentido, el presidente de la Unión Africana también hizo referencia al hecho de que para abordar las actuales amenazas se requiere no solo una voluntad común, sino también la colaboración entre los diferentes países. En concreto enfatizó que el respeto a la soberanía que permite que cada país lidere sus propias acciones y establezca las prioridades y formas de respuesta que considere oportunas, no debe significar un inconveniente para incrementar la colaboración entre los diferentes Estados, dada la permeabilidad de las fronteras entre ellos, haciéndose necesario el fomento de la integración regional para poder luchar de forma efectiva contra las amenazas de carácter transnacional. 

Por otra parte, de acuerdo a las declaraciones previas de los diferentes países asistentes, el aseguramiento de la democracia, la legalidad y la promoción de una buena gobernanza deben ser entendidos como los factores para garantizar el futuro de África, evitando la expansión de radicalismos y dando respuesta a las expectativas de una población mayoritariamente joven que debe ser protegida para evitar que termine convirtiéndose en instrumento de la violencia y de la inseguridad. Este encuentro vino a constatar la voluntad de todos los jefes de Estado presentes de hacer frente a las amenazas contra la paz y la seguridad que representan los conflictos armados, los tráficos ilícitos de todo tipo y el crimen organizado transnacional[10].

La geografía del Caos[11]

 

Amenazas en un entorno interdependiente

De acuerdo a una encuesta realizada por el Pew Research Center, el 60% de la población africana percibe el cambio climático como la mayor amenaza a la que se enfrenta el continente, seguido de un 50% que percibe la inseguridad económica y un 38% la expansión de la organización terrorista Daesh[12]. Atendiendo a la situación actual y a los acontecimientos de los últimos años, se abordan en este análisis cuatro amenazas de ámbito global que están representadas por el auge de las organizaciones de carácter terrorista o insurgente; el tráfico de armas, no sólo en las zonas de conflicto, sino también entre diferentes regiones; la degradación medioambiental y las crisis de origen sanitario. Estas cuatro amenazas, abordadas frecuentemente de forma individualizada, presentan elementos transversales que recomiendan una acción coordinada.

 

El auge de las organizaciones de carácter terrorista o insurgente

El Informe sobre el estado de la amenaza terrorista a nivel mundial publicado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos en junio de 2015, afirma que el continente africano se ha visto sometido a un gran número de acciones terroristas durante el año 2014, con una clara preponderancia del terrorismo de base ideológica religiosa, que encuentra sus principales exponentes en Libia, Nigeria y Somalia[13].

Este auge del terrorismo en el continente africano, encuentra uno de sus principales exponentes en Nigeria. El país se  encuentra sometido a la acción terrorista de la organización Boko Haram, cuyas actividades se iniciaron en el año 2009 y evolucionan en el año 2011, tras la muerte de su líder, hasta convertirla en el grupo terrorista más sanguinario del continente, situando  a Nigeria en la cuarta posición en el cómputo total de víctimas mortales provocadas por actos terroristas durante los últimos tres años, con una de cada diez muertes por terrorismo a nivel mundial durante el año 2013[14].

La barbarie de este grupo se ha hecho sentir en los Estados vecinos de Chad, Níger y Camerún, provocando una respuesta internacional después de que esta organización terrorista hubiese llegado a conquistar amplias zonas territoriales del norte de Nigeria y proclamar su propio califato durante el mes de julio de 2014, para posteriormente realizar un juramento de lealtad al líder de la organización terrorista Daesh en marzo 2015. Esta alianza estratégica no sólo pretende legitimar la lucha de Boko Haram en Nigeria y África occidental, sino que también facilita a Daesh su expansión en el continente africano y abre un nuevo frente en el que esta organización terrorista podría llevar a cabo acciones contra los países que forman parte de la coalición internacional a la que se enfrenta en Siria e Irak y que es liderada por los Estados Unidos[15].

No sólo Boko Haram en África occidental, sino también Al Shabad en el este del continente expanden su influencia a nivel regional hacia Kenia y Yibuti, a pesar de los esfuerzos de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISON). Tras la pérdida del control de las ciudades portuarias de Somalia, esta organización terrorista continúa sus esfuerzos principalmente contra los países contribuyentes a AMISON y también en su intento por deslegitimar al Gobierno Federal de Somalia mediante acciones características de un conflicto asimétrico. El este de África es desde el inicio de la década de los noventa un escenario particularmente significativo del terrorismo yihadista. Al Shabab es una amenaza existencial para el ya de por sí fallido Estado somalí, desde donde Al Qaeda también ha operado durante años, llegando los nexos entre ambas organizaciones terroristas al solapamiento entre estas entidades. De esta manera, es posible atisbar la naturaleza y el alcance de la amenaza terrorista que conjuntamente representan para Somalia, Kenia y otros países de la región[16].

Por otra parte, en el Sahel los esfuerzos de la comunidad internacional han permitido que Malí contuviese la amenaza terrorista en el norte, favoreciendo las condiciones para la firma de un acuerdo de paz y reconciliación nacional entre el Gobierno y la Coordinadora de movimientos del Azawad. No obstante, e independientemente del éxito del acuerdo con los tuaregs, el conflicto provocado por diferentes organizaciones terroristas, como Al Qaeda y Daesh, sigue siendo una amenaza considerable a la estabilidad en esta región.

En Malí, Al Qaeda en el Magreb Islámico venía disponiendo hace años de enclaves a modo de santuario. Durante la primavera de 2012, en estrecha y eficaz coordinación el denominado Movimiento para la Unicidad y la Yihad en África Occidental y Ansar al Din, consiguió un verdadero condominio yihadista en prácticamente todo el norte del país. Situación análoga no tanto a la de Afganistán o Somalia como a la de las áreas tribales situadas en el noroeste de Pakistán. Ese condominio ha sido un foco de terrorismo que se proyectaba ante todo sobre la población local, mayoritariamente musulmana y sufí, que padece el control social impuesto por miles de fanáticos armados. También fue un foco de amenaza para el conjunto de la fracturada Malí. No en vano, la intervención militar francesa se precipitó, a petición de las autoridades malienses, cuando Al Qaeda en el Magreb Islámico y sus aliados iniciaban una ofensiva hacia Bamako. Este condominio suponía igualmente un foco de amenaza a la estabilidad de otros países situados entre el Magreb y el golfo de Guinea[17].

Pero sin duda, la mayor  incertidumbre en el corto y medio plazo la genera la situación en Libia. Tras la guerra civil que provocó la caída del régimen del coronel Gadafi y un fallido proceso de transición, el país se encuentra fragmentado territorial e ideológicamente, situación que ha favorecido la irrupción un nuevo actor, Daesh, que encuentra en la actual situación de Libia unas condiciones particularmente adecuadas para su expansión por el norte de África.

Libia es un país en caída libre, con crecientes niveles de caos y violencia, en el que Gobierno de Unidad Nacional auspiciado por Naciones Unidas intenta establecer unas instituciones legítimas que mantengan la paz social, controlar a las numerosas milicias armadas que campan a sus anchas, imponen su voluntad por la fuerza, aterrorizan a la población y acaparan las fuentes de riqueza nacional a través del control de los enclaves estratégicos. El conflicto ha adquirido un marcado carácter económico en el que la prioridad para los contendientes se centra en la obtención de recursos que le permitan extender su dominio y debilitar las capacidades de los enemigos.

El impacto de la actividad de estos grupos de carácter terrorista o insurgente, de acuerdo al Banco Mundial amenazan directamente los desarrollos alcanzados durante los últimos años  por la economía de países, entre otros, como Kenia, Túnez, Nigeria, Camerún, Chad y Malí, que han sido designados como objetivos de alguno de estos grupos[18].

 

El tráfico de armas

El auge de organizaciones terroristas y conflictos armados requiere un suministro continuo de armas y municiones. Se infiere con facilidad que el tráfico de armas contribuye al incremento del nivel de violencia provocando, además de la destrucción de los servicios públicos en la zona de conflicto, un elevado número de desplazados y refugiados que tensionan los sistemas sanitarios y asistenciales en las zonas de destino.

De acuerdo a los datos publicados por el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz en su informe del año 2015, el gasto militar en África continua creciendo rápidamente motivado, entre otras causas, por la presencia de  numerosos conflictos regionales; esta tendencia se mantendrá durante los próximos años a pesar de la bajada de los precios del petróleo, factor que para muchos de estos países representa una importante minoración en sus presupuestos nacionales, lo que indica de forma clara la primacía de los aspectos relacionados con la seguridad sobre otras consideraciones[19].    

Existe gran consenso internacional entre las consecuencias negativas que tuvo para la estabilidad regional el flujo de armas provenientes de los arsenales libios tras la caída del régimen a finales del año 2011. La propia inestabilidad generada por los conflictos existentes, así como la falta de inversiones en instalaciones adecuadas, facilita que en determinadas condiciones las acciones de los grupos insurgentes, u otros intereses espurios, faciliten la llegada de estas armas a las zonas de conflicto, incrementando los niveles de inseguridad y estabilidad. 

La presencia de armas en las zonas en conflicto, no sólo favorece el incremento en el nivel de violencia de éste, sino que también dificulta el desarrollo e implementación de acuerdos efectivos de desmovilización tras la finalización de las hostilidades, lo que incide negativamente en el establecimiento de condiciones de estabilidad que favorezcan el desarrollo económico. La fácil disponibilidad de armas, unida a la incapacidad del Estado para ofrecer la debida seguridad, el control de sus territorios y una justicia imparcial, fomentan comportamientos violentos, los delitos contra la propiedad y, con el tiempo, situaciones de anarquía. La trivialización y privatización del uso de la violencia, unida a la impunidad y la corrupción se encuentran, en este contexto, entre las causas que originan los conflictos violentos, que suelen desembocar en auténticas guerras civiles. La disponibilidad de armas en países en los que hay un alto nivel de tensión se transforma, de esta manera, en un factor que incrementa o extiende cualquier conflicto o situación de violencia.

Se estima que los conflictos armados representan una pérdida anual equivalente al 15% del Producto Interior Bruto de los países afectados. En esta estimación no sólo está incluida la pérdida de vidas humanas y los daños físicos ocasionados por los enfrentamientos, sino también el coste asociado sobre las economías nacionales debido a la pérdida de mano de obra, la reducción de inversiones internacionales o de ayuda oficial al desarrollo y otros aspectos relacionados con la inseguridad y la inestabilidad[20].  La continuidad en el tiempo de los conflictos armados, que sobreviven gracias al flujo de armas no sólo provenientes de su transferencia desde otras zonas en conflicto sino también de la pérdida de control de los arsenales propios por parte de autoridades estatales[21], dificulta la provisión de ayuda humanitaria a las víctimas y disuade a potenciales inversores del inicio de actividades económicas; factores que limitan la posibilidad de las autoridades de restablecer la paz y el orden, de reconstruir las infraestructuras afectadas y de mitigar las causas profundas que se encuentran en el origen de la violencia y la inestabilidad.

Además, según los datos que ofrece el Índice Global de la Paz para el año 2015, se constata una vez más la existencia de dinámicas muy diferenciadas en el ámbito de la seguridad a lo largo del continente. Mientras que por una parte, el norte del continente se encuentra sumido en una progresiva situación de deterioro de la seguridad tras la transición desde las Revueltas Árabes del año 2011 y, fundamentalmente, tras la irrupción de organización terrorista Daesh en la guerra civil que se libra Libia tras la caída del régimen del coronel Gadafi[22]. El área subsahariana, presenta grandes divergencias entre las diferentes regiones. Países como Guinea Bissau y Costa de Marfil muestran una sustancial mejora que refleja los avances en el ámbito de la seguridad sustentada en el desarrollo de unas elecciones democráticas y en la reducción del número de acciones violentas. Sin embargo, países como Yibuti o Níger han visto empeorar su nivel debido a la influencia de los conflictos que se desarrollan más allá de sus fronteras, en Nigeria y Somalia respectivamente. En estos dos últimos países, la presencia de organizaciones terroristas como Boko Haram y Al Shabad representa un serio desafío para la seguridad, no sólo a nivel nacional, sino también a nivel regional.

 

La degradación medioambiental

Los conflictos, ya sean intraestatales o interestatales, y la intrínseca inestabilidad asociada a ellos incide de forma significativa en un marcado deterioro medioambiental que tiene efectos directos sobre el desarrollo económico, la seguridad regional y la salud de los ciudadanos. La relación entre los grupos insurgentes y las actividades ilegales a las que se ve sometida la biodiversidad africana, se constata en la cada vez más patente asociación entre los conflictos armados y el crimen organizado transnacional en aras de obtener beneficios de las actividades relacionadas con la explotación ilegal de recursos naturales.

El escaso nivel de riesgo que comportan estas actividades, junto al gran beneficio económico asociado a ellas son elementos que dificultan la acción del Estado en su prevención y erradicación. La debilidad de las instituciones en el control de los flujos a través de las fronteras favorece la simbiosis delictiva entre las redes de crimen organizado transnacional y los grupos armados, que en algunos casos controlan porciones significativas del territorio más por incapacidad del Estado para ejercer su control que por capacidad de estos grupos para arrebatarlo y mantenerlo.

Los riesgos medioambientales, provocados en parte por el resultado de la referida explotación indiscriminada de los recursos disponibles, se convierten en un factor de riesgo derivado de la competencia por el agua, las tierras de cultivo y el pastoreo que provocan un recrudecimiento de las conflictos entre las diferentes comunidades, así como el incremento de tensiones transfronterizas. Por lo tanto, no puede tampoco descartarse la aparición de enfrentamientos derivados del deterioro de la seguridad alimentaria, el acceso al agua potable y la distribución de la población. 

 

Las crisis de origen sanitario

Las actividades ilegales de comercio con maderas y la consiguiente deforestación también influyen directamente sobre la difusión de enfermedades tales como la Malaria o incluso el virus del Ébola. El brote epidémico del virus del Ébola asoló África occidental durante el último semestre de 2014 y los primeros meses de 2015 con efectos directos sobre la seguridad regional, no sólo durante la crisis, sino con consecuencias que se harán notar a medio plazo, principalmente, sobre los países afectados.

El brote afectó fundamentalmente a Sierra Leona, Liberia y Guinea, países que se caracterizan por unas estructuras estatales débiles y por tener antecedentes de conflictos armados de carácter interno provocados, fundamentalmente, por antagonismos regionales y locales. Los tres países más afectados comparten aspectos comunes con muchos países del continente africano. El afianzamiento de los sistemas de seguridad durante el período post-conflicto ha sido un factor común en aquellos países que se han visto sometidos a conflictos armados a finales del siglo XX y principios del XXI. Sin embargo, como norma general no se ha desarrollado de forma similar el sistema sanitario, que no cuenta con  instalaciones capaces de atender a la población, ni tampoco con estructuras estatales establecidas, estando aquejados de problemas estructurales que afectan a su estabilidad. En la mayor parte de los casos, las estructuras del sistema sanitario se establecen exclusivamente en los alrededores de la capital, siendo ineficientes en las zonas más alejadas.

Estas deficiencias están en el origen de una percepción de ineficacia hacia las respuestas estatales por parte de la población. Estas siempre pueden llegar a ser utilizadas por grupos de oposición como un elemento catalizador de movimientos sociales. La actuación de las autoridades, con sistemas de seguridad afianzados pero con deficiencias estructurales en otros ámbitos, tiene tendencia a establecer medidas de control de la población basadas en el incremento de la seguridad y la limitación de la libertad de movimiento, decretando situaciones de excepcionalidad que pueden ser interpretadas como una falta de provisión de los servicios esenciales (agua, alimento y asistencia sanitaria) por parte de la autoridades. La manipulación de las percepciones de la población, así como la existencia en la región de un gran número de armas pueden ser la causa de que una situación de desorden social pueda derivar en el uso de éstas por parte de la población civil, provocando una desestabilización local o regional.

Los brotes de enfermedades altamente contagiosas en el continente africano recomiendan que los protocolos de actuación por parte de la comunidad internacional no se limiten, exclusivamente, a los aspectos sanitarios y al corto plazo; sino también a aquellos factores que contribuyen a reforzar las instituciones del Estado en el medio plazo. Ante la posibilidad de que estos brotes inviertan los logros alcanzados durante los últimos años por los países afectados, tanto en la consolidación de la paz, como en la estabilidad política y la reconstrucción de la infraestructura socioeconómica, es necesario continuar con todos los esfuerzos nacionales, regionales e internacionales para poner fin a la crisis, dónde juegan un papel esencial las organizaciones regionales y subregionales, en particular la Unión Africana y las organizaciones regionales.

Todo ello sin obviar el necesario apoyo a los países africanos afectados por parte de la comunidad internacional a fin de aumentar la capacidad y la resiliencia de sus sistemas de salud para hacer frente a las crisis relacionadas con la salud y el apoyo a la recuperación económica y social sostenida.

 

Tendencias en el ámbito de la seguridad

Junto a las amenazas descritas conviven en el continente africano otras tendencias que pueden generar nuevas amenazas o multiplicar y agravar los efectos de las ya existentes. Estas tendencias se caracterizan por tener un carácter dinámico, evolutivo y capacidad, con el paso del tiempo, de transformar su carácter o incluso de modificar la relación existente entre ellas en el corto o medio plazo. 

La transversalidad entre los diferentes ámbitos y el efecto modificador que éstas tendencias pueden ejercer, en función del momento, hacen que el abanico de posibles escenarios sea incalculable y genere un gran nivel de incertidumbre. La incertidumbre es una nueva característica de un entorno de creciente complejidad, donde se produce un cambio vertiginoso de actores y relaciones, y que se encuentra sustentado en una gran volatilidad, que se ve favorecida por las características de la globalización. Garantizar la seguridad, en su más amplia concepción, hace fundamental entender cómo evoluciona el mundo, de forma que se pueda actuar con prevención y visión estratégica ante el progreso de los riesgos, las amenazas y de las tendencias presentes.

 

El nexo de unión entre el crimen organizado y los grupos armados

La proliferación de actores no estatales de carácter violento representa una clara amenaza para la seguridad en el continente africano, que se ve favorecida por la simbiosis con redes internacionales de crimen organizado que aprovechan el entorno proporcionado por la globalización y la incapacidad del Estado para proporcionar los servicios básicos a sus ciudadanos en áreas remotas sobre las que el propio ejercicio de la soberanía está en discusión. Estas carencias proporcionan un terreno abonado a organizaciones terroristas, grupos insurgentes y redes criminales para el desarrollo de sus actividades, aprovechando la permeabilidad de las fronteras entre Estados para desarrollar tráficos ilícitos de todo tipo. 

Esta simbiosis representa una amenaza de carácter local, regional, continental e internacional que requerirá un análisis pormenorizado de las relaciones que se establecen entre estos grupos, así como de la transferencia de procedimientos que podría llegar a generar la aparición de organizaciones híbridas, cuyo concepto evolucione desde la relación entre grupos terroristas que desarrollan actividades criminales (terrorismo/crimen organizado)  a otro concepto caracterizado por una evolución de las redes criminales hacia actividades terroristas (crimen organizado/terrorismo). Estas organizaciones híbridas representan una amenaza aun mayor para los sistemas de seguridad nacionales y no sólo incrementan el nivel de inseguridad, sino que también socavan la propia integridad del Estado[23].

La presencia de redes de crimen organización transnacional puede llegar a tener un gran efecto negativo sobre el normal desarrollo de las actividades de las autoridades oficiales. La organización Transparency International destaca, en su Informe del año 2014, el impacto que las situaciones de inseguridad, violencia y conflictos armados tienen sobre la implantación de prácticas de corrupción. En el norte de África, recalca como principal característica la concentración de altas cotas de poder alrededor grupos elitistas que establecen redes clientelares que socavan la separación de poderes, poniendo en práctica actuaciones de abuso de autoridad con gran impunidad. Por otra parte, en la región Subsahariana constata la existencia de una corrupción endémica de carácter estructural que se sitúa como una de las causas que impide la transformación del gran crecimiento económico de los últimos años en vectores que permitan el empoderamiento de la población y la mejora de las condiciones de vida[24].  

Los elevados índices de percepción de la corrupción, junto con altos niveles de pobreza y desempleo, son elementos que convierten en especialmente atractiva a una zona concreta para el establecimiento de las redes internacionales de delincuencia, convirtiéndose estas redes rápidamente en un reclamo para la población, haciendo válida la afirmación de que en zonas depauperadas el crimen se presenta como una oportunidad y la oportunidad da lugar al desarrollo de redes criminales y al eventual contacto de éstas con el crimen organizado transnacional.

Si se conjuga la falta de presencia del Estado con la pérdida de identidad por la rápida urbanización de algunas poblaciones afectadas, se obtiene la inevitable aparición de formas alternativas de orden, caracterizadas por la prestación de seguridad y protección que permiten el acceso de grupos organizados a fuentes de financiación y armas, lo que provocará con el tiempo la conexión entre estos grupos locales con las redes de crimen organizado transnacional, incluidas las redes de narcotráfico. Como consecuencia de esta asociación, las redes de narcotráfico podrían llegar a utilizar a estos grupos como agentes locales y distribuidores en la región.

Resulta obvio que la inyección de dinero y empleo que realizan las redes de crimen organizado transnacional son un mal sustituto de la inversión extranjera. Este aporte de capital, tanto sobre las élites políticas como sobre la sociedad, se caracteriza por un efecto inmediato que a corto plazo puede llegar a ser la causa de la transición de determinados elementos asociados a estas redes hacia el poder político; provocando a medio plazo un deterioro importante de las perspectivas económicas.

Tal vez sea un elemento más importante a considerar, el hecho de que los Gobiernos dispongan de pocos recursos y que algunos de ellos estén incapacitados para controlar adecuadamente sus instituciones de forma seria, limitando la habilidad para regular sus propios territorios. La incertidumbre acerca de la estabilidad a largo plazo puede alentar a los ciudadanos, incluso a los funcionarios públicos civiles, para tomar todo aquello que puedan aun cuando su comportamiento implique la realización de actividades de carácter ilegal. El hecho de que el personal de seguridad esté mal pagado, y a menudo con irregularidad, contribuye en gran medida a su vulnerabilidad respecto de la corrupción. Cuando una masa crítica de quienes deben aplicar la ley está aceptando sobornos, puede ser difícil, o hasta peligroso, desarrollar las obligaciones con honestidad. Se crea así un círculo vicioso: la cooperación ciudadana desciende con cada fracaso policial, socavando más la habilidad de los funcionarios para realizar su trabajo.

 

La presencia de refugiados, desplazados y los flujos migratorios irregulares

Las migraciones desde el continente africano hacia Europa han sido percibidas como un problema manejable durante años. Se trataba de conseguir el desarrollo adecuado en África, fundamentalmente en la región del Magreb, creando empleo para que la población africana no tuviese que emigrar. Hace dos décadas el fenómeno migratorio no era considerado un problema, sino un hecho inevitable sustentado por un incremento de la población joven en los países del norte de África que no podría encontrar empleo en los próximos años en sus países de origen[25]. Sin embargo, la emigración ha evolucionado durante los últimos años. En 1995 los países del norte de África eran emisores de inmigrantes, mientras que los países europeos eran los receptores; hoy en día, los países del norte de África son al mismo tiempo emisores, receptores y países de tránsito de emigrantes. La inmigración ya no es un fenómeno transversal en el Mediterráneo y ha evolucionado hacia un fenómeno verticalizado en la totalidad del continente africano.

Este cambio obliga, tal cual muestra la actualidad de los últimos meses, a una adecuada gestión del fenómeno, sin dejar que las mafias trafiquen con los emigrantes, organizando las migraciones de manera conjunta. Este nuevo paradigma requiere corresponsabilizar a todos los actores implicados para gestionar la situación con una visión de codesarrollo social y respeto a los derechos humanos. La migración normalmente se enmarca en un contexto más amplio que se encuentra caracterizado por la situación política, económica y de seguridad. La migración irregular también debe ser considerada en relación con el crimen organizado transnacional y la ausencia del Estado de Derecho, alimentándose de la corrupción y de una regulación inadecuada.

Las migraciones irregulares son, como se ha indicado, un efecto provocado por causas profundas cuyos orígenes se sitúan en los entornos político, económico y de seguridad. Algunos líderes continentales han definido el fenómeno de las migraciones irregulares como una forma de “esclavitud moderna” tras las reiteradas tragedias acaecidas en el Mediterráneo central[26]. La Organización Internacional de Migraciones se ha sumado a las voces de los líderes africanos para solicitar una mayor implicación del continente, considerando necesario la toma de la iniciativa en este ámbito con objeto de incrementar las coordinaciones para combatir el tráfico de seres humanos y aliviar los factores socioeconómicos que han llevado a un aumento de los movimientos de refugiados.

Las medidas de represión y restricción establecidas por los países europeos, contra el fenómeno de la migración irregular, sólo producirán el efecto deseado si se encuentran acompañadas de forma simultánea por iniciativas que proporcionen un desarrollo económico y social duradero en los países de origen, una circulación libre de bienes y personas, así como una apertura del mercado de trabajo. La Organización Internacional de Migraciones destaca la necesidad de incrementar la coordinación en el nivel regional y continental, sin olvidar que sólo una sociedad mundial más igualitaria podrá permitir que el fenómeno de la migración sea más manejable. Las soluciones, lejos de responder a factores coyunturales, deben permitir una gestión duradera, concreta y global de este fenómeno.

Sin embargo, la migración irregular no es el único aspecto que afecta a la movilidad de las personas en el continente africano. De acuerdo al Informe publicado por el Internal Displacement Monitoring Centre en el año 2015, África encabeza muchos indicadores relacionados con los desplazados. Según este Informe, la región norteafricana concentra, junto con Oriente Medio, el mayor número de nuevos desplazados, que alcanza casi los doce millones de personas, lo que representa el 31% del total. La región central del continente alberga casi ocho millones de desplazados concentrados principalmente en Burundi, Chad, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Sudán y Sudán del Sur[27]. Este número continúa aumentando cada año por la imposibilidad para muchos de ellos de regresar a sus comunidades de origen o integrarse en otras nuevas.

 

Las tendencias sociales: el auge de las nuevas clases medias y el crecimiento de las ciudades

La trayectoria del sistema internacional en los últimos veinte años ha dado lugar a cambios en las fuentes desencadenantes de los conflictos, no sólo en su estructura, sino también en los actores que lo integran o en la naturaleza misma de estos. Entre estas nuevas fuentes figuran, entre otras, la presión demográfica, el incremento en las desigualdades en el acceso de la población a la protección social y a servicios esenciales y la incapacidad de los Gobiernos para ejercer un control real sobre los territorios bajo su jurisdicción.

El Índice de Estados Fallidos puede resultar de interés para evaluar la relación existente entre la propensión de un país al fracaso y el alcance de la pobreza en su territorio, medido en términos del ingreso por habitante y del Índice de Desarrollo Humano[28]. La relación es negativa, no pudiéndose descartar que a medida que aumenta el ingreso per cápita y el Índice de Desarrollo Humano la propensión del país al fracaso se reduce, lo que parece indicar que las acciones que favorecen un desarrollo del bienestar individual y social de las personas pueden contribuir a mejorar la estabilidad del sistema internacional.

La globalización ha dado lugar a la pérdida de peso relativo de las fronteras y al desarrollo de instrumentos de resolución de conflictos y normas de cooperación  que orientan los esfuerzos y los recursos hacia el bienestar de los países y la estabilidad global. La pobreza, la desigualdad, la interrupción de los flujos comerciales, las tensiones sociales, entre otras causas, tienen efectos negativos que se extienden entre países, entre personas y entre generaciones.

El crecimiento descontrolado de la población al que se enfrenta el continente puede tener serias consecuencias para la estabilidad. De acuerdo el estado de la población mundial 2014 publicado por Naciones Unidas, está previsto que la población en edad activa aumente más del doble entre 2015 y 2050, encontrándose en la actualidad un 32% de población del continente en el margen de edades comprendido entre los diez y los veinticuatro años[29]. Muchos países en los que se concentran los grupos más numerosos de jóvenes, ya están haciendo frente, o lo harán en breve, a importantes desafíos para satisfacer las necesidades de las nuevas generaciones que serán cada vez mayores en las próximas décadas. La búsqueda de empleo y medios de vida dignos se encuentran entre las principales motivaciones para provocar procesos de migración, y la búsqueda de un entorno seguro y una vida libre de violencia y discriminación es uno de los generadores más importantes de flujos de refugiados. El hecho de la juventud de la población se suma a otras circunstancias que pueden convertir este factor en una fuente de riesgo, ya que la mayor parte de la población joven se encuentra desempleada y reside en las zonas urbanas donde proliferan las actividades de economía informal.

Además, el crecimiento de la población permite observar en los últimos años una progresiva lucha por la identidad propia que está provocando que muchos Estados africanos hayan visto como el clima de armonía religiosa se ha deteriorado. Por una parte, se encuentra la amenaza yihadista, que en muchos países busca la imposición de la Sharia; por otra, la intolerancia religiosa que se ha incrementado entre grandes sectores de la sociedad; son factores que han dado lugar a una creciente tendencia a que el grupo religioso dominante se imponga a los demás, contribuyendo a que el pluralismo religioso desaparezca paulatinamente en los países africanos[30].

La diversidad debe ser una fuente de riqueza, no de antagonismo, el futuro de África se encuentra en la construcción de una sociedad que a través de las instituciones existentes en el ámbito civil,  las asociaciones profesionales, los sindicatos y otras organizaciones no gubernamentales contribuyan a mejorar las condiciones de vida.

 

El Cambio Climático

Los riesgos que plantea el cambio climático son reales y su incidencia se hace sentir a nivel global. Las consecuencias que provoca actúan como un multiplicador de amenazas que potencia las tendencias, las tensiones y las inestabilidades existentes, aumentado las cotas de desafío sobre regiones de por sí frágiles y proclives al conflicto[31]. Los efectos del cambio climático se pueden materializar en muy diversas manifestaciones. Su impacto en los ecosistemas puede afectar a la biodiversidad del medio vegetal y animal, a las condiciones de vida de agricultores, pescadores y a quienes viven de los bosques.

Por otra parte, la dimensión de la seguridad humana se vincula a la amenaza por la seguridad alimentaria. La disminución de las cosechas, la pérdida de recursos para el sustento, la falta de agua potable, las inundaciones, las tormentas, las sequías y las olas de calor traerán como consecuencia el desplazamiento de la población y la emigración masiva, con el consiguiente riesgo de provocar tensiones e incrementar los conflictos en las zonas de tránsito y de destino. Los riesgos no son únicamente de carácter humanitario, también incluyen riesgos políticos y de seguridad que afectan directamente a los intereses de todos países.

Las amenazas a la seguridad que provoca el cambio climático se materializan de diversas formas, entre las que cabe destacar el conflicto por los recursos, los daños y riesgos económicos para las ciudades costeras y las infraestructuras vitales, la pérdida de territorios e incremento de conflictos territoriales y fronterizos, las migraciones por causas ambientales, el desarrollo de situaciones de fragilidad y radicalización, las tensiones por el suministro de energía y las presiones sobre la gobernación internacional amparadas en políticas basadas en criterios de resentimiento.

El cambio climático tendrá un impacto que afectará al continente africano, ya que perjudicará al vulnerable sector agrícola del que depende el sostenimiento económico de un gran porcentaje de la población. Todas las estimaciones del posible impacto del calentamiento global sugieren que una gran parte del continente se volverá más seco y que el continente en su totalidad experimentará una mayor variabilidad climática. Varios países africanos están ya experimentando la reducción de las precipitaciones, la degradación del suelo y el agotamiento de recursos naturales, lo que tiene repercusiones directas en los medios de vida de dos terceras partes de la población africana. Por otra parte, no se pueden obviar las consecuencias económicas, sociales, migratorias y de seguridad de semejante vulnerabilidad en el resto del mundo[32].

En concreto, entre los graves efectos que posiblemente el cambio climático tendrá sobre África, podemos citar una mayor desertización del Sahel que podría llevar a una mayor inestabilidad regional y a un aumento de la migración hacia el norte, al Magreb y a Europa; la subida del nivel del mar en el delta del Níger, que unido a la desertización en el norte, sería un elemento con influencia en una eventual desestabilización de Nigeria; un aumento de los fenómenos meteorológicos adversos en África oriental, motivados por la subida del nivel del mar, la disminución de las precipitaciones y un aumento de las tormentas.

Por otra parte, en el norte de África una disminución del caudal que afluye al Nilo, debido a la disminución de las precipitaciones en los macizos montañosos de Etiopía, podría tener efectos en Sudán y Egipto y provocar la reducción de la producción de alimentos en Etiopía y Somalia, lo que aumentaría las tensiones en el Cuerno de África; además, Egipto tendría que hacer frente a la inundación del densamente poblado e industrializado delta del Nilo, por lo que las consecuencias sociales y económicas de una posible pérdida de esta zona serían graves; finalmente, también constituiría un riesgo el incremento de la presión migratoria sobre el Magreb que provocase tensiones sociales y la desestabilización política de la región[33].

África es uno de los continentes que mayores vulnerabilidades presenta a los efectos del cambio climático debido a las tensiones existentes y la escasa capacidad de adaptación que posee. Además del impacto en otros órdenes, se prevé que el cambio climático tenga un considerable efecto negativo sobre la salud humana, en especial debido a la propagación de enfermedades que contribuirán a agravar las tensiones existentes.

 

Consecuencias del déficit de seguridad

La falta de seguridad económica y financiera

El concepto de seguridad económica y financiera es de definición compleja dado los diferentes enfoques posibles. Lo que es innegable es que es un factor fundamental e imprescindible para garantizar la seguridad y la estabilidad de forma duradera. La potenciación de un modelo de crecimiento económico sostenible que evite los desequilibrios y también potencie la presencia internacional de la economía del continente, a la vez que se evitan actividades delictivas, la falta de transparencia o la corrupción; podrían ser los cimientos que permitan alcanzar una adecuada seguridad económica y financiera que contribuyan a la estabilidad y seguridad general.  De acuerdo a la organización Transparencia Internacional, la corrupción imperante es uno de los factores que contribuye de forma decisiva a la persistencia de la pobreza en el continente africano. La lucha contra la corrupción se ve dificultada por la falta de acceso a la educación de la población y la estructuración de la sociedad civil[34].

Por otro lado, los conflictos existentes en un gran número de áreas y el auge de grupos extremistas, como Boko Haram en Nigeria o Al Shabab en Somalia y Kenia, significan un riesgo para la seguridad económica que de acuerdo al Banco Mundial, como ya se ha indicado anteriormente, amenazan directamente los desarrollos alcanzados durante los últimos años[35].

Además, la caída de los precios del petróleo y otros productos básicos han reducido las tasas de crecimiento experimentadas por los países productores de hidrocarburos durante los últimos años. Estos países deben  afrontar reformas estructurales que permitirán lograr que el crecimiento sea más eficaz con objeto de poder reducir la pobreza. El precio del petróleo a nivel mundial tendrá una incidencia restrictiva en la política fiscal de estos países que intentarán contener el gasto reduciendo subvenciones a la población. En general, los sistemas económicos y financieros adolecen de reformas estructurales para impulsar y mantener el crecimiento de los niveles de productividad en todos los sectores y favorecer la promoción de una transformación estructural incluyente y generadora de empleo.

África subsahariana es la cuna del mayor incremento de clase media en los próximos años, lo que tendrá efecto sobre un crecimiento de la población urbana y requerirá una necesaria diversificación de la economía. Este crecimiento de la demanda favorece una competencia inversora por parte, entre otros, de Europa, China y Estados Unidos. Esta inversión extranjera, de acuerdo a Ian Bremmer, es fundamental para el desarrollo de las infraestructuras, el comercio, los bienes y servicios y la mejora de la asistencia sanitaria en el continente[36]. Si bien el crecimiento de los países africanos durante los últimos años permite ser optimista con respecto a las oportunidades presentes, no se pueden obviar las amenazas que se ciernen sobre sus economías. Ya se ha hecho referencia a que el mantenimiento de los bajos precios de las materias primas afectará en el crecimiento económico, incluso de aquellas economías con un alto nivel de diversificación.

También se hace imprescindible incrementar la interrelación entre las economías de los diferentes países mediante el fomento del comercio y la inversión en tecnologías de la comunicación. El comercio entre países africanos representa actualmente apenas un 12% de las exportaciones africanas, muy por debajo del 50% que supone el comercio intracontinental en Asia o el 70% en Europa. La existencia de mercados más grandes ofrece la posibilidad de producir en una escala que ofrezca una buena relación coste-beneficio. En este sentido, cabe destacar el acuerdo alcanzado por la Comunidad para el Desarrollo de África Austral, la Comunidad de África  Oriental y el Mercado Común para África Oriental y Meridional con objeto de crear una zona unificada de libre comercio que abarca veintiséis países, desde Egipto a Sudáfrica. Este acuerdo pretende facilitar los movimientos de bienes y servicios a lo largo del continente que con frecuencia se ven lastrados por la deficiente calidad de las comunicaciones y también por herencias coloniales.

Finalmente, un factor fundamental para incrementar la seguridad económica y financiera consiste en la erradicación de las altas tasas de desempleo. El ya mencionado auge de las clases medias, unido a una pobre gobernanza pueden tener como consecuencia la incapacidad del Estado para proporcionar empleo a una fuerza laboral cada vez mejor formada, incrementado las tasas de desempleo hasta límites que podrían alimentar tanto el activismo como los conflictos existentes.

 

La inseguridad energética

La noción del concepto de seguridad energética es debatida frecuentemente por analistas y políticos, existiendo un consenso más o menos generalizado sobre determinados elementos que se encuentran en su concepción tales como la seguridad del suministro y la seguridad en la demanda. La Agencia Internacional de la Energía proporcionó una definición de seguridad energética que se basa en cuatro conceptos: la disponibilidad de fuentes de energía, el acceso a la energía a precios razonables, la aceptabilidad social las fuentes energéticas y la seguridad en el abastecimiento. La importancia de definir el concepto de seguridad energética, y su influencia en términos generales sobre la seguridad, viene determinada porque la energía puede ser considerada como el punto de encuentro entre el desarrollo económico y la seguridad internacional. La evolución de las dinámicas comerciales y geopolíticas que el nuevo mercado energético plantea se configuran como un factor de fundamental importancia en el equilibrio internacional y la seguridad propia.

El avance del continente africano en la esfera internacional durante los últimos años, se sustenta en unas elevadas tasas de crecimiento anual que según algunas predicciones sitúan entre las veinte economías que más crecerán en el año 2017 a once países africanos[37]. Este crecimiento se mantiene sobre diversos ámbitos, entre los que de forma inevitable debe ser considerada la seguridad energética. Libia, Argelia, Nigeria y Angola son los grandes productores energéticos en África, pero la relevancia del continente desde el punto de vista energético va más allá de estos cuatro países y abarca al continente en su totalidad. De acuerdo a Ana Valle, el aumento de producción y el continuo descubrimiento de reservas de petróleo y gas han situado a África en el centro de atención del mercado energético mundial[38].

Esta ingente disponibilidad de recursos permite atisbar, a priori, que el continente posee altas cotas de seguridad energética. Sin embargo, determinados acontecimientos hacen que la seguridad general en el continente pueda verse afectada por la inseguridad energética. De acuerdo al Informe del Progreso en África[39], el continente africano pierde cada año treinta y nueve mil millones de dólares en impuestos que las compañías operadoras de petróleo y minerales dejan de pagar principalmente mediante los precios de transferencia entre sus filiales. Este modelo de comercio puede ser considerado como una de las causas de la falta de recursos económicos de los países africanos, afectados de la conocida como “maldición de los recursos naturales”[40].

Por otra parte, la falta de seguridad con origen en conflictos de diversa tipología, como los existentes en Libia y Sudán del Sur, limitan de forma significativa la accesibilidad a los recursos y por lo tanto su beneficio sobre las economías nacionales. También la corrupción y falta de transparencia, implantadas de forma generalizada entre las élites de la mayor parte de los países productores, incide sobre la posibilidad de que los recursos energéticos disponibles actúen como verdadero motor del desarrollo económico de las sociedades y fomenten tanto la seguridad como la estabilidad en estos países. Finalmente, es necesario hacer referencia al impacto medioambiental que produce la explotación de los recursos naturales en algunos países, lo que provoca una degradación del hábitat natural de grupos étnicos y limita su posibilidad de supervivencia, derivando consecuentemente en un factor que favorece el surgimiento de grupos reivindicativos de carácter más o menos violento como los presentes en el delta del Níger.

 

La carencia de seguridad marítima

La Estrategia Marítima Integrada para África 2050[41], desarrollada por la Unión Africana, se concibió con la ambición de servir como herramienta para afrontar las oportunidades que el entorno marítimo proporciona al continente africano. En su texto identifica como amenazas que afectan al dominio marítimo, entre otras, el crimen organizado transnacional (tráficos ilícitos, piratería y robo a mano armada, terrorismo, inmigración irregular y tráfico ilícito de inmigrantes); la explotación de los recursos marinos y la destrucción del medio marino; las catástrofes naturales; y la carencia de un marco legal y de información adecuada sobre el entorno marítimo.

Con la publicación de esta Estrategia, la Unión Africana reconocía la presión a la que se encontraba sometido el entorno marítimo en el continente, donde actividades tradicionales como la pesca y el comercio marítimo conviven con otras nuevas como las energías renovables o la acuicultura; pero también con las alteraciones provocadas por el cambio climático, la degradación del medio marino y las actividades ilegales. El objetivo final que persigue la Unión Africana es la contribución al desarrollo del continente, a través del entorno marítimo, de una forma sostenible y segura. En este entorno, la gran variedad de actividades que se desarrollan se encuentran relacionadas de una u otra manera entre sí y poseen una gran influencia sobre la prosperidad del continente a través de su contribución en sectores tales como la estabilidad social, la economía, la política y la seguridad.

Para hacer frente a las amenazas que se ciernen sobre el entorno marítimo, y por lo tanto sobre su contribución al desarrollo del continente, se establecen como objetivos estratégicos, entre otros, la creación una zona conjunta de exclusión marítima, el fomento de la voluntad política en todos los niveles de actuación y también de la creación de riqueza, la seguridad de los sistemas de transporte marítimo, la prevención de las actividades ilegales y la protección de las poblaciones concernidas.

África ha sufrido una grave falta de comprensión de las posibilidades que el entorno marítimo proporciona al desarrollo regional y de las consecuencias negativas sobre la seguridad en general que la falta de gobernanza en este ámbito puede tener. Las tipologías del tráfico marítimo, como de los fenómenos delictivos, trasladan su centro de gravedad al ámbito geográfico de las aguas territoriales por lo que la actuación se encuentra dentro de la jurisdicción de Estados soberanos, que son los que ostentan no sólo la legalidad para actuar sino también la responsabilidad. La principal herramienta para combatir el fenómeno, por lo tanto, se debe centrar en la promoción de las estructuras de seguridad en los niveles nacional y regional.

Los actos de piratería o robo a mano armada en la mar han acaparado la atención internacional durante los últimos años, debido fundamentalmente a su incidencia en el Cuerno de África y a su resurgimiento en el golfo de Guinea; sin embargo el impacto de la pesca ilegal, no declarada o no reglamentada significa una verdadera amenaza, no siempre valorada adecuadamente, para el desarrollo económico del continente. De acuerdo al Informe publicado por la Enviromental Justice Foundation sobre la pesca ilegal, las pérdidas globales como consecuencia de esta pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) se calculan entre los 10.000 y los 23.500 millones de dólares cada año, sugiriendo las evidencias disponibles que las aguas de África occidental presentan la mayor presencia de esta práctica delictiva en el mundo, llegando a representar hasta un 37% de las capturas totales en la región[42].

Este tipo de prácticas no sólo suponen unas ingentes pérdidas económicas, sino que comprometen la seguridad alimentaria del continente y el estado tanto de las reservas pesqueras como del medio marino. La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar[43] establece que es responsabilidad de los Estados la vigilancia y control de los buques pesqueros que enarbolen su pabellón, sin embargo las conclusiones alcanzadas por el antedicho informe muestran que muchos buques están “fuera de control”[44] y realizan un uso extensivo de Pabellones de Conveniencia, a través de los cuales un operador pesquero compra el pabellón de un Estado que carece de la capacidad o de la voluntad de vigilar sus actividades.

De acuerdo a WWF España, la pesca ilegal adopta a menudo una estructura de crimen organizado transnacional coordinado profesionalmente a nivel global. Las compañías se valen de distintas estratagemas para evitar que sus barcos sean apresados e incumplir la leyes y convenios internacionales que protegen las poblaciones pesqueras. Las capturas logran ser camufladas de forma tan efectiva que los productos se venden en los mercados legales de Japón, Estados Unidos o la Unión Europea, entre otros[45].

 

Conclusiones

Las imágenes comunes de África son las de un continente hundido en el conflicto y la miseria. Si consideramos el peso de políticos como Joaquim Chissano, el ex presidente de Mozambique, o Festus Mogae, el ex presidente de Botswana, o personas como Kofi Annan y Nelson Mandela, no podemos dejar de afirmar que el nivel del liderazgo africano resulta más que evidente. No es posible negar que África tenga muchos problemas. No obstante, no se debe permitir que esos problemas opaquen los muchos éxitos del continente.

Las principales amenazas que afectan al continente africano no se manifiestan de forma aislada o independiente, antes bien, se encuentran interrelacionadas entre ellas, lo que hace necesario un importante esfuerzo de coordinación para hacerles frente de forma efectiva, no sólo a través de los tradicionales vectores de la seguridad representados en la resolución de conflictos, sino también a través de otros como la seguridad económica, el desarrollo, la sostenibilidad medioambiental o la seguridad sanitaria.

La respuesta a las amenazas que comprometen la seguridad hoy en día precisa de una estrecha cooperación tanto en el plano regional como en el continental y multilateral. Las respuestas aisladas carecen de eficacia por su carácter parcial e incompleto, frente a unas amenazas, que como se ha visto, exigen un enfoque multidisciplinar y una acción coordinada.

El éxito de los Gobiernos nacionales se sustentará, en gran medida, en el desarrollo de medidas a nivel local pero también en la colaboración a nivel regional cuya sinergia contribuirán a incrementar la seguridad nacional y regional, alzándose sobre las dificultades que la propia naturaleza presenta y que forman parte de “la venganza de la geografía”. El fomento de la integración regional para poder luchar de forma efectiva contra las amenazas de carácter transnacional y el desarrollo armónico de medidas colaborativas en el ámbito de la seguridad regional y continental, sumarán sinergias e incrementarán la acción del Estado, afianzando los niveles de estabilidad y fomentando el desarrollo humano.

La buena gobernanza, así como la mencionada integración regional apoyada en un aumento del comercio interregional, son elementos fundamentales para el desarrollo de las naciones africanas. Si el crecimiento económico se ve lastrado por las amenazas presentes o futuras y las dificultades en diversos ámbitos, una explosión demográfica en un ambiente de tal inseguridad, pobreza o hambruna repercutirán sobre la seguridad general del continente. Ante este panorama se hace fundamental más que nunca redoblar los esfuerzos en seguridad ya que ningún progreso es viable sin ella, no hay desarrollo sin que se garantice la seguridad de las personas y las propiedades, ni es viable la seguridad sin un desarrollo eficaz.

No puede pasarse por alto que muchos de los movimientos terroristas o insurgentes presentes en África enarbolan la bandera de la protesta a través del islamismo y cuentan con un gran apoyo social que evidencia que más allá de la diferencia religiosa, existen otras causas profundas presentes como origen de esta alta conflictividad. La política africana debe evolucionar desde una visión mayoritariamente de base étnica o tribal, hacia otra visión inclusiva que por una parte limite el espacio vital a estos grupos de carácter violento que socaban la seguridad; y por otra, permita la erradicación de situaciones de discriminación, violencia u opresión que impidan el desarrollo digno de las personas.

África necesita encontrar su propio camino y crear una estrategia de desarrollo que se corresponda con sus realidades actuales y su reciente pasado colonial. Tal vez la gran diferencia entre la actualidad y el pasado radica en que hoy África es libre para decidir qué hace, cómo lo hace y con quién lo hace, adoptando una clara voluntad política de actuación y con la responsabilidad de hacer frente a los retos en seguridad y desarrollo a los que se enfrenta.

Hoy, los propios africanos son los que tienen el futuro del continente en sus manos. Mientras África regresa como un sujeto de la historia mundial, parece encarnar todos los miedos y esperanzas de la humanidad. Todo está allí en una forma extrema: la desertificación, los movimientos masivos de poblaciones y la violencia genocida; pero también la esperanza de nuevas formas de crecimiento económico y nuevos modos de gobernanza.

No debe obviarse, como conclusión final, que la comunidad internacional tiene un importante papel de colaboración con el continente africano, no sólo en la contribución a la promoción de las estructuras de seguridad, sino también en el acompañamiento en procesos de inclusión política, social y económica, todo ello con objeto de crear un entorno favorable para la reconciliación nacional y la recuperación social y económica en aquellos países que se encuentran sometidos a situaciones de conflicto armado.

 

Samuel Morales Morales, Comandante de Infantería de Marina (DEM) y antiguo alumno del Máster on-line en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional de la Universidad de Granada.


[1] Kaplan, Robert. La venganza de la Geografía. Barcelona: RBA, 2013

[2] Institute for Economics and Peace. Global Terrorism Index 2014. Nueva York: Institute for Economics and Peace, 2015.

[3] Calduch, Rafael. «Infodefensa.» 12 de marzo de 2014. http://www.infodefensa.com/es/2014/03/12/noticia-silenciosas-amenazas-africanas.html (último acceso: 3 de mayo de 2015).

[4] Abellán, Lucía. El Pais.com. 31 de marzo de 2013. http://internacional.elpais.com/internacional/2013/03/31/actualidad/1364732786_341360.html (último acceso: 3 de mayo de 2015).

[5] Redondo, Myrian. «¿Pero qué es noticia en África?» Estudios de Política Exterios. 15 de abril de 2015. http://www.politicaexterior.com/actualidad/pero-que-es-noticia-en-africa/.

[6] Solana, Javier. «Seguridad, interdependencia y responsabiliad.» Instituto Español de Estudios Estratégicos. 30 de octubre de 2014. http://www.ieee.es/Galerias/fichero/Varios/MinistroDefensa_AltosCargos/2014/DIEEEDCF05-2014_JavierSolana_CESEDEN_30.10.2014.pdf.

[7] Rajoy, Mariano. «"Ubuntu", estamos todos juntos en esto.» El País, 26 de junio de 2014: Opinión

[8] Morenés, Pedro. «África.» ABC, 12 de julio de 2014: La Tercera

[9] Aziz, Mohamed Ould Abddel. «Terrorismo and Security require a Global Response.» AllAfrica, 5 de agosto de 2014.

[10] Morales, Samuel. «Cumbre EEUU-África 2014: Claves para una nueva asociación.» Instituto Español de Estudios Estratégicos. 22 de septiembre de 2014. http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2014/DIEEEO105- 2014_AnalisisResultadosCumbreEEUU-Africa_SamuelMorales.pdf  (último acceso: 12 de junio de 2015).

[11] La geografía del caos. Desarrollado por el Departamento de Seguridad Nacional.

[12] Pew Research Center. Climate Change Seen as Top Global Threat. 14 de julio de 2015. http://www.pewglobal.org/2015/07/14/climate-change-seen-as-top-global-threat/ (último acceso: 14 de julio de 2015)

[13] Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica. Country Reports on Terrorism 2014. Washington D.C.: Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica, 2015.

[14] Institute for Economics and Peace. Global Peace Index 2015. Nueva York: Institute for Economics and Peace, 2015. Durante el año 2013 el 70% de los atentados terroristas a nivel mundial se concentraron en cinco países: Irak, Afganistán, Paquistán, Nigeria y Siria.

[15] Morales, Samuel. «La persistente amenaza de Boko Haram contra la seguridad regional en África occidental.» Instituto Español de Estudios Estratégicos. 7 de julio de 2015. http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2015/DIEEEO72-2015_Amenaza_BokoHaram_SamuelMorales.pdf (último acceso: 9 de julio de 2015)

[16] Reinares, Fernando. «Terrorismo yihadista en el Este de África: nexos entre la célula de al-Qaeda en Kenia y al-Shabab en Somalia.» Real Instituto Elcano. 25 de octubre de 2011. http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/web/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/terrorismo+internacional/ari143-2011#.Va6ab_l_Oko (último acceso: 12 de julio de 2015).

[17] Reinares, Fernando, y Carola Calvo. «Norte de Malí: nuestro patio.» Real Instituto Elcano. 6 de febrero de 2013. http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/web/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/terrorismo+internacional/opinion_reinares-garciacalvo_norte_mali#.Va6Ykvl_Oko (último acceso: 12 de julio de 2015)

[18] The World Bank. Africa: End of the Commodity Super-Cycle Weighs on Growth. 13 de abril de 2015. https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2015/04/13/africa-end-of-the-commodity-super-cycle-weighs-on-growth.

[19] Stockholm International Peace Research Institute. «SIPRI Yearbook 2015. Armaments, disarmament and Intenational Secutity.» Estocolmo, 2015.

[20] Dick, Shannon. «Global Threats in Africa.» The internarional and Security Network. 9 de abril de 2015. http://www.isn.ethz.ch/Digital-Library/Articles/Detail/?id=189685 (último acceso: 2 de mayo de 2015).

[21] El número de armas presentes en el continente africano no sólo tiene como origen la transferencia entre zonas en conflicto a través de fronteras poco vigiladas, o su introducción en el mercado gracias a la pérdida de control por parte de las autoridades, sino que también provienen de la venta por parte de terceros países. 

[22] Dick, Shannon. Op. Cit

[23] International Peace Institute. A Dangerous Nexus: Crime, Conflict and Terrorism in Failing States. Viena: International Peace Institute, 2013.

[24] Transparency International. Corruption Perceptions Index 2014. Berlín: Transparency International, 2014.

[25] Valcárcel, Darío. «El responsable de Asuntos del Mediterráneo habla de la actualidad del Magreb, de Marruecos, Argelia y Túnez, y de los avances del Proceso del Barcelona.» AFKAR / IDEAS, 2006: 11-16.

[26] Diagne, Siré. «Drame des migrants: le Sénégal interpelle l'Union africaine.» Senenews.com. 6 de mayo de 2015. http://www.senenews.com/2015/05/06/drame-des-migrants-le-senegal-interpelle-lunion-africaine_125600.html.

[27] Internal Displacement Monitoring Centre. Global Overview. People internally displaced by conflict and violence. Ginebra: Norwegian Refugee Council, 2015.

[28] Informe sobre el desarrollo humano desarrollado por la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano. (http://hdr.undp.org), consultado el 1 de junio de 2015.

[29] Naciones Unidas. El Estado de la Población Mundial 2014. Nueva York: Fondo de Población de las Naciones Unidas, 2014.

[30] Guitera, María Ruiz. «Libertad religiosa en África.» Estudios de Política Exterior. 22 de abril de 2015. http://www.politicaexterior.com/actualidad/basicospolext-libertad-religiosa-en-africa/

[31] Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Cambio climático y seguridad: Recomendaciones del Alto Representante sobre la actuación consecutiva al Informe del Alto Representante y de la Comisión sobre el cambio climático y la seguridad internacional. Bruselas: Comisión Europea, 2008.

[32] Severino, Jean-Michel. «Rendezvous with Africa on Climate.» Project Syndicate. 3 de diciembre de 2009. http://www.project-syndicate.org/commentary/rendezvous-with-africa-on-climate (último acceso: 12 de julio de 2015).

[33] Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. El cambio climático y la seguridad internacional. Bruselas: Comisión Europea, 2008.

[34] Transparency International. Poverty and Corruption in Africa. 24 de mayo de 2015. http://www.transparency.org/whatwedo/activity/poverty_and_corruption_in_africa.

[35] The World Bank. Africa: End of the Commodity Super-Cycle Weighs on Growth. Op. Cit.

[36] Bremmer, Iam. «Los desafíos económicos de África.» El pais, 9 de abril de 2015: Opinión.

[38] Valle, Ana. «Las relaciones energéticas entre la UE y África. La necesidad de redefinirlas en el nuevo contexto político y productivo.» Instituto Español de Estudios Estratégicos. 4 de noviembre de 2014

[40] La maldición de los recursos, también conocida como la paradoja de la abundancia, se refiere a la paradoja de que países y regiones con una abundancia de recursos naturales, especialmente de fuentes puntuales de recursos no renovables, como minerales y combustibles, tienden a tener un menor crecimiento económico y resultados de desarrollo peores que los países con menos recursos naturales.

[41] Unión Africana. Estrategia Marítima Integrada para África 2050. Addis Abeba: Unión Africana, 2012.

[42] Enviromental Justice Foundation. La pesca pirata el descubierto. Londres: Enviromental Justice Foundation, 2012.

[43] Naciones Unidas. «Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.» 16 de noviembre de 1994. http://www.un.org/depts/los/convention_agreements/texts/unclos/convemar_es.pdf.

[44] Entre las acciones denunciadas en el Informe de la Enviromental Justice Foundation se encuentran la pesca en las zonas de exclusión, el ataque a los pescadores locales, la negación al pago de multas, la ocultación de las marcas de identificación, el uso de equipos de pesca no permitidos, el trasbordo de pescado de forma ilegal en alta mar, la negación a ser inspeccionados por patrullas pesqueras, el soborno a los agentes controladores, la huida a países vecinos para evitar posibles sanciones y la violación de la regulación laboral.

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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