¿Una historia militar de la Guerra Civil española?

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Hace pocas semanas, a principios de abril, el joven historiador turolense David Alegre Lorenz presentaba su libro La Batalla de Teruel, editado por La Esfera de los Libros. Aunque el autor es principalmente conocido por sus trabajos sobre guerras y posguerras[1] y es además uno de los tres editores de la interesante Revista Universitaria de Historia Militar, su reciente obra no puede considerarse “historia militar” en sentido estricto.

Como él mismo explica, el suyo es un “un relato que ofrece una historia social de la batalla de Teruel y que trata de analizar los hechos al pie del terreno partiendo de un análisis profundo de fuentes de archivo, memorísticas y testimonios orales, que se entrecruzan unos con otros de forma constante a lo largo del relato”. Un enfoque diferente del que ha sido tradicional en la historia militar y que parte de la consideración de la guerra como un fenómeno social. “Frente a estas narrativas anticuadas e interesadas de los conflictos armados, que tienden a presentarnos los ejércitos de masas como ingenios asépticos y perfectamente engrasados que funcionan en base a principios mecánicos y reglas exactas[2], lo que planteo aquí es un relato de carne y hueso basado en la experiencia individual y colectiva de quienes tomaron parte en la batalla”, nos explica el autor.

Fernando Puell de la Villa señalaba hace pocos años en un interesante trabajo[3] que apenas un 15% de las obras publicadas sobre la Guerra Civil Española entre 2006 y 2014 eran de temática militar, aunque la situación estaba mejorando y se estaban llenando algunas de las lagunas existentes hasta entonces en los estudios militares sobre el conflicto. Sin embargo, la propia categorización que proponía de las obras recientemente publicadas (Síntesis de conjunto; Memorias y Biografías de Mandos; Actitud, vicisitudes y reclutamiento de las tropas) ya nos sugería que había una laguna que seguía sin llenarse: apenas se publicaban análisis técnicos militares de la Guerra Civil, obras en las que la experiencia bélica de entonces fuera utilizada como fuente de inspiración para buscar soluciones a problemas militares actuales (o eternos).

La ciencia militar ha hecho amplio uso del estudio de la historia militar, ante la imposibilidad práctica[4] de reproducir “en condiciones de laboratorio” los parámetros fundamentales de un auténtico conflicto bélico. Como señala Javier Jordán, “la Historia militar es una fuente de material empírico que permite contrastar la solidez de los conceptos y la validez de las teorías”[5]. Quizá por ello, por este amplio uso de la historia militar como fuente de inspiración, diversos ejércitos hayan caído en ocasiones en el error de prepararse para la guerra anterior, en lugar de hacerlo para la siguiente.

A pesar de ello, parece que no hay alternativa válida e incluso en nuestros días destacados jefes militares invitan regularmente a sus subordinados (y a los que sin serlo los escuchan) a volver la vista a ciertas páginas de la historia militar en busca de formas eficaces de abordar los nuevos problemas. David Petraeus, uno de los generales más brillantes en la historia reciente de los Estados Unidos, es un estudioso de la guerra de Vietnam y algunos de los episodios de aquel conflicto le sirvieron más tarde de inspiración durante su mando en Irak. El actual Secretario de Defensa norteamericano, Jim Mattis, es también un apasionado de la historia militar y sus mensajes sobre este tema han sido ampliamente difundidos en las redes sociales. Así, en uno fechado el 20.11.2003 decía: “The problem with being too busy to read is that you learn by experience (or by your men’s experience), i.e. the hard way. By reading, you learn through others’ experiences, generally a better way to do business, especially in our line of work where the consequences of incompetence are so final for young men. (…) Ultimately, a real understanding of history means that we face NOTHING new under the sun[6].

Dentro de una tradición distinta, los pensadores militares rusos suelen justificar sus propuestas con ejemplos extraídos de la historia militar de su propio país y de otros. Así, el actual Jefe del Estado Mayor General, Valeri Gerasimov, en el discurso[7] que a menudo se ha considerado (quizá erróneamente) texto fundacional de la llamada “Doctrina Gerasimov” sobre la guerra híbrida[8], citaba las obras de Svechin (teórico militar soviético de los años veinte) e Isserson (años treinta). Curiosamente, el libro de Isserson al que Gerasimov hace referencia (Novye formy voiny, Las nuevas formas de la guerra) dedica toda su primera parte al estudio militar de la Guerra Civil española (la segunda trata de la campaña de Polonia de 1939).

En este sentido, es probable que valga la pena dedicar un poco más de atención al estudio de la Guerra Civil desde el punto de vista estrictamente militar. Es decir, siguiendo un camino opuesto al que ha elegido David Alegre Lorenz, pero también válido. Olvidando por un momento su carácter de fenómeno social, que la guerra indudablemente tuvo, y centrando toda nuestra atención sobre la creación y desarrollo de dos fuerzas armadas de tamaño bastante importante sobre los restos del Ejército de la República, así como sobre su empleo en los campos de batalla.

Es lo Carlos Javier Frías está haciendo con la Primera Guerra Mundial en su magnífico blog.

José-Miguel Palacios es Coronel de Infantería y Doctor en Ciencias Políticas


[1] Puede encontrarse una lista de sus obras principales en la Base de Datos de Dialnet: https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=3071605.

[2] Clausewitz estaría de acuerdo. La guerra real nunca puede reducirse a una narrativa como la caricaturizada por Alegre Lorenz: la “fricción” y la “casualidad” suelen representar papeles muy importantes.

[3] PUELL DE LA VILLA, Fernando (2014). Nuevos enfoques y aportaciones al estudio militar de la Guerra Civil. En Studia historica. Historia contemporánea, Nº 32, págs. 95-110. http://campus.usal.es/~revistas_trabajo/index.php/0213-2087/article/view/12518/12845 (acceso: 03.05.2018).

[4] La tecnología actual permite simular con gran realismo muchas situaciones de combate. Sin embargo, lo que resulta casi imposible de recrear en una simulación es la tensión a la que el ser humano está sometido en combate (y no está en un supuesto didáctico). Algo similar ocurre con las simulaciones de vuelo.

[5] JORDÁN, J. (11 Diciembre 2017). Estudios estratégicos e historia militar: una relación ganar/ganar. GESI, Blog de Javier Jordán. https://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/estudios-estrat%C3%A9gicos-e-historia-militar-una-relaci%C3%B3n-ganarganar (acceso: 09.05.2018).

[6] Ver el comentario de Jill R. Russell “With rifle and bibliography: General Mattis on professional reading”, en http://www.strifeblog.org/2013/05/07/with-rifle-and-bibliography-general-mattis-on-professional-reading/ (acceso: 04.05.2018).

[7] GERASIMOV, V. (2013). Ценность науки в предвидении (El valor de la ciencia está en la previsión). Vojenno-promyšlennyj kurjer, 27.02.2013. https://www.vpk-news.ru/articles/14632 (acceso: 04.05.2018).

[8] Ver COLOM PIELLA, G. (2018). ¿Guerra híbrida a la rusa? Algunos apuntes sobre la “doctrina Gerasimov”. Thiber Report n.º 2. http://www.thiber.org/wp-content/uploads/2018/04/Thiber-Report-N2_V2.pdf (acceso: 11.04.2018). También, PALACIOS, J.M. (2016). Rusia: guerra híbrida y conflictos asimétricos. Ejército, 904, 22-28.