¿Es la “zona gris” el nuevo término de moda?

Versión para impresiónVersión para impresión

La “Zona Gris” es un término que se ha desnaturalizado por completo. Un tótum revolútum al que se atribuye una importancia y una novedad inusitadas -y desproporcionadas- y que no es sino una vuelta de tuerca de las clásicas estrategias “del débil al fuerte” (Beaufre, 1980). Esta desnaturalización de la “Zona Gris” como concepto suele ser consecuencia de visiones simplistas relacionadas con la tipología de los conflictos (Echevarria, 2016), algo lógico teniendo en cuenta que el término nació allá por 1948 de la mano de George F. Kennan, en referencia a la utilización de la Guerra Política (Political Warfare) por parte de la Unión Soviética.

Se ha venido operando en esta región del espectro de los conflictos desde hace mucho tiempo y, de hecho, fue en la Guerra Fría cuando este tipo de enfrentamientos alcanzaron su apogeo como consecuencia de las dinámicas propias de la política de bloques y el efecto paralizador de las armas nucleares, factores que obligaban a utilizar vías alternativas a través de las cuales canalizar la competición entre superpotencias sin provocar con ello una escalada de consecuencias potencialmente devastadoras (Votel et al., 2016). El término ha sido recuperado con especial fuerza desde 2014, a raíz de la toma incruenta de la Península de Crimea por parte de la Federación Rusa, o la utilización de los “Little Blue Men” por parte de la RPC en el Mar de la China Meridional. En ambos casos, las tácticas rusas y chinas fueron concienzudamente planeadas para cumplir con una serie de premisas; 1) mantener la confrontación en todo momento por debajo del umbral del conflicto; 2) poner la carga de la escalada en el lado de los estados que pretenden mantener el status quo; 3) amenazar la efectividad de la disuasión extendida estadounidense sobre sus aliados (Harold, 2019).

Las definiciones que en los últimos años han aparecido sobre lo que es y lo que no es la “Zona Gris” son en muchos casos insuficientes, cuando no deliberadamente ambiguas o torticeras, incluyendo en algunos casos fenómenos como el terrorismo que no deberían encuadrarse aquí (Brands, 2019). Autores relacionados con el US Army como Mazarr (2015) o Wilson (2017) nos hablan de tres características comunes a las tácticas propias de la Zona Gris:

  • Hibridez, pues se utiliza una combinación de métodos hostiles de todo tipo que buscan provocar efectos estratégicos sin llegar al enfrentamiento directo.
  • Amenazan la defensa convencional, que no puede hacer frente a las tácticas empleadas en la Zona Gris dada la desproporción entre los medios y los fines o la incapacidad de atribuir los ataques.
  • Están pensadas para imposibilitar o confundir los cálculos de riesgo tradicionales, provocando la paralización del oponente incapaz de decidirse entre la inacción o la acción.

Características a las que podríamos añadir una cuarta, vital, como es la utilización únicamente de medios que permitan tanto la “negación plausible”, como la “no atribución”, de ahí el recurso a los ataques cibernéticos, que dificultan sobremanera la inculpación de sus responsables -si es que llega a conocerse el origen de los mismos- o de unidades paramilitares.

Como consecuencia de todo lo anterior, la “Zona Gris”, en puridad, no debe entenderse tanto como una franja dentro del eje guerra-paz o como un conjunto de tácticas más o menos innovadoras, sino como un “mecanismo útil para forzar el statu quo” (Baqués, 2018). Una herramienta que se basa en el estricto control de la escalada y que provoca en todo momento la inacción del rival, pues el volumen de fuerza que sería necesario emplear para hacer frente a movimientos muy limitados y no cinéticos sería totalmente desproporcionado en relación a la importancia del objetivo, dado el paraguas convencional bajo el que se producen.

 

La estrategia china y la zona gris

La RPC aspira en breve plazo a ser el polo central de la economía global gracias a su capacidad manufacturera y a un énfasis en el diseño autóctono que pretenden favorecer promoviendo la innovación, las marcas domésticas y la adopción de estándares propios (USCC, 2019). Como advierte el informe que cada año remite la Oficina del Secretario de Defensa al Congreso de los EE. UU. en su última edición (2019), se ha aprovechado de un “periodo de oportunidad estratégica” durante las dos primeras décadas del presente siglo, lo que ha permitido al país reforzar las bases de su poder de diferentes formas:

  • Implementando una estrategia de crecimiento económico a largo plazo dirigida desde el Estado.
  • Favoreciendo la presencia y la influencia internacionales a través de la adquisición de activos estratégicos (instalaciones portuarias, industrias clave, tierras…), la donación, el apoyo financiero o de iniciativas como la conocida OBOR.
  • Mejorando la integración entre los mundos civil y militar mediante la innovación, el uso de tecnologías duales, la inversión, la educación, el desarrollo de una red de infraestructuras adecuada y el perfeccionamiento de la logística.
  • Realizando operaciones de influencia a lo largo y ancho del mundo, pero con especial énfasis en Occidente de tal forma que no aparezca como la amenaza que realmente es, acciones que se incluyen dentro del concepto de las “Tres Guerras” (Guerra Psicológica, Guerra Legislativa y Guerra por la Opinión Pública) promulgado a principios de la pasada década (Raska, 2019 y Livermore, 2019).

Todo ello, siempre, manteniendo una serie de líneas rojas como son:

  • No poner en peligro la estabilidad regional, aspecto crítico para mantener su desarrollo económico.
  • Evitar que cualquier crisis escale hasta convertirse en un conflicto abierto con los EE. UU. o sus socios regionales, lo que tendría consecuencias nefastas sobre su economía.

De entre todas las amenazas internas y externas que preocupan a las élites del PCCh, la principal es la de un hipotético conflicto con los EE. UU. provocado por una mala gestión de cualquiera de los múltiples puntos de fricción que existen entre ambas potencias o por el peligro, siempre latente, de que finalmente estos se vean tentados de evitar, manu militari, el ascenso chino, en lo que se conoce como trampa de Tucídides (Graham, 2017). La RPC, en consecuencia, lleva tiempo implementando las medidas necesarias para mejorar sus posibilidades en previsión de un hipotético enfrentamiento armado y que pasan por:

  • La mejora de su arsenal nuclear, con la introducción de nuevos vectores susceptibles de implementar cabezas de guerra MIRV y la entrada en servicio de nuevos misiles en número creciente.
  • La creación de una serie de zonas de exclusión A2/AD.
  • Extender su control hasta la primera cadena de islas, expulsando a los EE. UU. y sus aliados tanto del Mar de China Oriental como del Mar de China Meridional, así como afianzarse en el Índico de tal forma que, incluso en caso de conflicto armado, sus SLOC permanezcan abiertas.
  • Diversificar sus fuentes de suministro adquiriendo tierras y explotaciones tanto agrícolas como de hidrocarburos y otros elementos en zonas cada vez más alejadas de su periferia, como África o Iberoamérica.

Es en este marco estratégico en el que debemos situar las acciones que la RPC lleva a cabo en la “Zona Gris”, dirigidas a la obtención de pequeños avances que por mera acumulación terminen por dar paso a una situación de superioridad frente a los EE. UU. y sus aliados si no a nivel global, si en los Mares de China. Dado que ese momento todavía no ha llegado, mientras refuerza su poder convencional, lleva a cabo toda una batería de acciones en la “Zona Gris” que tienen, desde el punto de vista del agresor, una doble virtud en lo relativo al control de la escalada:

  • Ponen la carga de la escalada en el actor que sufre las acciones chinas cuando se trata de estados capaces de dar una respuesta militar, lo que les coloca ante la incómoda disyuntiva de, o bien aceptar los hechos consumados empeorando su situación relativa, o bien aparecer como iniciadores de un hipotético conflicto al dar una respuesta con medios cinéticos a una acción no-militar.
  • En el caso de actores con medios insuficientes como para retar a la RPC a una guerra abierta, permiten que las acciones chinas queden sin respuesta o esta se dé dentro de un marco cómodo, pues saben que utilizar medios más resolutivos provocaría una firme respuesta por parte de Pekín y escalaría el conflicto hacia una zona en la que la ventaja reside en lado chino (Morris, 2019).

 

Dos mares, dos tácticas, un enemigo

Cuando hablamos de los movimientos chinos en sus mares aledaños caemos, normalmente, en una generalización que conduce a errores. Los escenarios son completamente diferentes, según se trate del Mar de la China Meridional o del Mar de China Oriental, lo que lleva a que las tácticas empleadas en uno y otro difieran, aunque existen puntos en común, como la necesidad de mantener a los EE. UU. fuera de juego en todo momento, forzando su “no intervención” e incluso, si fuera posible, la ruptura de las alianzas que unen a la potencia estadounidense con buena parte de los vecinos de la RPC (decoupling) extendiendo entre estos la percepción de que dicho país ha dejado de ser un aliado fiable.

 

El Mar de la China Meridional

El Mar de la China Meridional es un escenario en el que la RPC puede operar en la “Zona Gris” si cabe con mayor comodidad (minimizando el riesgo), pues subyace una diferencia abrumadora entre los recursos económicos y militares de dicho estado y los del resto de afectados por su política de construcción de islas artificiales. Consciente de su relativa impunidad, la RPC ha ido profundizando, especialmente desde 2014, en dos líneas de actuación:

  • Proteger lo que reclama como su ZEE.
  • Ganar paulatinamente terreno al mar en diversas islas y arrecifes.

La construcción de las islas artificiales se ha llevado a cabo a la vez que ha logrado mantener divididos a sus vecinos, jugando al viejo juego del “palo y la zanahoria” mediante una hábil combinación de sobornos, ayudas, inversiones y amenazas, a la vez que hacía oídos sordos a organismos internacionales como el Tribunal de la Haya, aunque públicamente y hasta fecha muy reciente ha seguido comprometiéndose públicamente en la búsqueda de una solución pacífica (Corral, 2016) a las disputas sobre las aguas territoriales. Esto ha permitido a la RPC mejorar su control administrativo sobre este mar con un coste mínimo tanto económico como diplomático (Morris, 2019).

 

El Mar de la China Oriental

Este escenario supone un reto mayor por la entidad de los rivales, ya que Japón, pese a sus limitaciones legales y presupuestarias, cuenta con unas fuerzas armadas (técnicamente de autodefensa) dignas de consideración, actúa con una creciente asertividad y cuenta con el respaldo de los Estados Unidos. En vista de la fortaleza de Japón, la RPC ha optado por una táctica basada en la provocación continua que, por un módico precio, ofrece a la RPC importantes dividendos, entre los que son dignos de mención:

  • El considerable aumento del nivel de atrición al que se ven sometidos los sistemas militares japoneses.
  • Los datos de inteligencia recolectados en cada acción.

 

La actuación de los Estados Unidos hasta la fecha

La apuesta china supone un órdago que pretende terminar con muchas de las instituciones y normas que los EE. UU. y sus aliados han sostenido durante décadas, como la libertad de navegación. Este principio incuestionable del derecho marítimo choca con la aspiración china de ejercer un control excluyente no solo sobre sus ZEE, sino en las rutas marítimas del proyecto OBOR. Desde el punto de vista estadounidense una de las razones de ser de la US Navy desde su fundación es la de luchar por dicha libertad de navegación, un pilar fundamental del orden liberal internacional (Stires, 2019b). Sin embargo, los fundamentos de este orden están bajo amenaza especialmente en el Mar de la China Meridional pues la RPC, a pesar de ser parte en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) -y uno de los principales beneficiarios hasta la fecha de la libertad de navegación- está promoviendo una visión revisionista de la soberanía marítima, según la cual las áreas oceánicas distantes se pueden reclamar del mismo modo que si de “suelo nacional azul” se tratase, al objeto de mantener alejados a los buques y marineros de otros países (Stires, 2019a).

Hasta el momento, la respuesta estadounidense ha sido laxa e incoherente y se ha basado en las tan publicitadas como inefectivas FONOPs, que han ido en aumento en defensa de la UNCLOS en general y de su artículo 17 en particular, que consagra el “derecho de paso inocente”.

Las otras medidas que se han ido adoptando o heredando, como la ayuda militar a diversos países de la región, generalmente están enfocados hacia otros problemas como la lucha contra el crimen organizado, los narcóticos, la piratería, etcétera y no son suficientes por sí mismos para alterar el equilibrio de poder en las zonas en disputa, constituyendo una medida de contención.

 

Recuperando el control de la escalada

Si, como hemos explicado, la Zona Gris debe entenderse como una herramienta de control de la escalada, es lógico pensar que cualquier respuesta frente a las acciones que se desarrollan en esta región del espectro de los conflictos debe dirigirse, precisamente, a recobrar ese control. Para ello, en primer lugar, se ha de recuperar la iniciativa ante la RPC en todos los terrenos, incluyendo el económico o el diplomático, pero muy especialmente, el militar.

Es en este último apartado en donde debe situarse el centro de gravedad de todo esfuerzo y, para lograrlo, los EE. UU han de profundizar en un proceso de RM en ciernes que promete conceder a sus fuerzas armadas una libertad de acción de la que hasta ahora no ha gozado, permitiendo que operen incluso allí en donde se hayan establecido zonas de negación. Además, los EE. UU. deben proseguir su lucha comercial con la RPC hasta arrancar concesiones suficientes como para garantizar una competición justa, esfuerzos a los que debería unirse la Unión Europea, el otro actor más perjudicado por los robos de propiedad intelectual y las condiciones abusivas, procedimientos utilizados con profusión por Pekín. También se han de aprovechar las suspicacias que el auge y la creciente asertividad chinas están levantando entre sus vecinos para restablecer alianzas que han sido descuidadas o alumbrar otras nuevas que ayuden a la contención de un régimen no democrático que busca revertir el orden liberal internacional existente, planteando una alternativa integral al actual sistema de gobernanza global basada en sus propios conceptos ideológicos (Lee y Sullivan, 2019). Las líneas de actuación que los EE. UU. deben explorar son las siguientes:

  • Aprovechar el factor tiempo: Washington ha de tomar consciencia de que el tiempo no juega necesariamente en contra evitando caer así en la tentación de responder a cada avance con ansiedad, inventando tácticas de circunstancias que por fuerza solo pueden ser inefectivas. Cada vez que la RPC alcanza una pequeña victoria en los Mares de China, provoca también que sus rivales -con importantes cuitas entre ellos- sean menos reacios a limar diferencias para equilibrar la creciente amenaza y que, de cara al interior, las opiniones públicas sean más favorables a adoptar los cambios necesarios para hacer frente a la RPC. Esta no puede obviar que, pese a lograr ciertos avances, opera desde una posición de debilidad en la que perfectamente puede terminar, igual que Rusia tras su aventura ucraniana, padeciendo más por las consecuencias negativas de sus actos (sanciones, aislamiento, desconfianza por parte de sus vecinos, pérdida de oportunidades comerciales…) de lo que haya podido ganar al llevarlos a cabo.
  • Restablecer el equilibrio militar: Acelerando el proceso de transformación implementando todas o parte de las medidas contempladas en su día en la Tercera Estrategia de Compensación (Colom, 2017 y Villanueva, 2018), lo que supone enfrentar una serie de capacidades que la RPC ha ido mejorando:
    • Misiles Balísticos y de Crucero.
    • Medios C4ISTAR.
    • Red IADS
    • Capacidades ASAT
    • Guerra cibernética

Lidiar con estos problemas obliga a innovar y, por ello, en el Pentágono están apostando por aquellas tecnologías en las que los EE. UU. mantienen una notable ventaja y que, además, mejor se adaptan a su forma de entender los conflictos bélicos:

  • Operaciones no Tripuladas.
  • Operaciones navales y aéreas a grandes distancia.
  • Operaciones no-observables.
  • Guerra submarina.
  • Ingeniería e integración de sistema.

Todo ello en un marco de previsible moderación presupuestaria (o al menos de aumento limitado), lastrado como está el gasto militar por los numerosos problemas políticos internos en EE. UU. que impiden a sus partidos políticos llegar a acuerdos a largo plazo sobre el volumen de deuda admisible y el techo de gasto.

  • Implementar cambios legales y afianzar las instituciones internacionales: Un aspecto en el que coinciden autores como Harold (2017) o Mazarr (2015) es en la necesidad de reforzar las instituciones e introducir cambios legislativos que ayuden a hacer frente a las potencias revisionistas eliminando espacios que puedan aprovechar para implementar tácticas propias de la Zona Gris. Esto se refiere tanto a mejorar la interlocución entre potencias, de forma que se minimice la posibilidad de malentendidos, como a la eliminación de algunos de los resquicios legales de que se valen estados como la RPC para actuar con impunidad. Lo que es más, estos cambios deben llevarse a cabo de forma concertada, de forma que ningún socio tenga puntos débiles en su legislación que el enemigo pueda aprovechar.
  • Sostener a los socios, crear nuevas alianzas e implicar a la UE: Se debe evitar que haya una excesiva distancia entre los medios militares de los EE. UU. y los de sus socios, se han de atraer nuevos estados a la órbita occidental para mejorar la contención y se ha de implicar a la Unión Europea no solo en las FONOPs, sino en asuntos como la ayuda militar o, llegado el caso, las acciones punitivas, pues son varios los estados europeos con grandes intereses en la región.

 

Conclusiones

La RPC está tratando de convertirse en la primera potencia mundial dentro de un mundo multipolar. Para alcanzar su objetivo final debe transformarse en el polo central del capitalismo mundial, revertir el ordenamiento legal internacional y expulsar a su principal garante -los Estados Unidos- de la región Asia-Pacífico. Dada la actual incapacidad militar china para enfrentarse abiertamente a los EE. UU. y sus socios, ha optado por actuar en la Zona Gris, entendida como herramienta de control de la escalada, para ir logrando una serie de objetivos limitados que mejoren su posición relativa de cara a un futuro choque militar. Estas acciones se sostienen gracias al respaldo del poder militar convencional, materializado en su Fuerza de Misiles y en la forma de zonas A2/AD en las que sus rivales no pueden penetrar sin escalar el conflicto a niveles que no guardan relación con la importancia del objetivo a defender, lo que provoca una parálisis que la RPC aprovecha para continuar progresando en sus propósitos.

Romper con esta situación es imposible si solo se combate a la RPC en la Zona Gris. En realidad, implica recuperar el control de la escalada, para lo cual, los EE. UU. deben encontrar la forma de operar con mayor libertad en las zonas A2/AD impuestas por china, lo que permitiría combatir con medios convencionales las tácticas chinas en la Zona Gris. Para lograrlo, han de desarrollar nuevas tecnologías como los fuegos de largo alcance, implementar doctrinas adecuadas, como la Letalidad Distribuida y liberarse de la necesidad de operar desde las bases situadas dentro del alcance de los misiles chinos. También han de forzar cambios legales que criminalicen algunas de las prácticas chinas, desde los ataques cibernéticos a las milicias navales, reduciendo así la posibilidad de interpretaciones torticeras y los espacios grises. Por último, han de reforzar el entramado de alianzas evitando un decoupling con sus socios más cercanos, favoreciendo la interoperabilidad entre las Fuerzas Armadas aliadas y las propias e implicando a los estados europeos en una región en la que tienen fuertes intereses.

 

Christian D. Villanueva es director de Ejércitos.org

 

Referencias

A. Panda, "South China Sea: Indonesian Navy Fires at and Arrests Chinese Fishermen", The Diplomat, 2016. [Online]. Disponible en: https://thediplomat.com/2016/05/south-china-sea-indonesian-navy-fires-at-and-arrests-chinese-fishermen/.

Baqués Quesada, J. (2018). La versión china de la zona gris. Revista general de marina, [online] 275(1), pp.557-564. Available at: http://www.armada.mde.es/archivo/rgm/2018/10/RGM%20Octubre%202018.pdf

Brands, H. (2019). Paradoxes of the Gray Zone. [online] Foreign Policy Research Institute. Disponible en: https://www.fpri.org/article/2016/02/paradoxes-gray-zone/

Beaufre, A. (1980). Introducción a la estrategia. 1ª ed. Madrid: Ediciones Ejército, p.56.

Clark, B., Gunzinger, M., & Sloman, J. (2017). Winning in the Gray Zone. Using Electromagnetic Warfare to regain escalation dominance. Washington D.C.: CSBA.

Cohn, J., Walton, T., Lemon, A., & Yoshihara, T. (2019). Leveling the playing field. Reintroducing U. S. Theater-Range Missiles in a post-INF world. Washington D.C.: CSBA.

Comisión Europea. (2019). EU-China – A strategic outlook. Estrasburgo: Alto Representante para la Política Exterior y la Seguridad Común. Recuperado de: https://ec.europa.eu/commission/sites/beta-political/files/communication-eu-china-a-strategic-outlook.pdf

Cole, J. (2017). The Third Taiwan Strait Crisis: The Forgotten Showdown Between China and America. Disponible en: https://nationalinterest.org/feature/the-third-taiwan-strait-crisis-the-forgotten-showdown-19742

Colom, G. (2017). De la compensación a la revolución: la configuración de la política de defensa estadounidense contemporánea (1977-2014) (1st ed.). Madrid: Instituto Universitario Gutiérrez Mellado.

Colom, G (2019). La amenaza híbrida: mitos, leyendas y realidades. Documento de Opinión IEEE 24/2019. Disponible en: http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2019/DIEEEO24_2019GUICOL-hibrida.pdf

Corral, D. (2016). Mar de China, el Tribunal de La Haya falla contra Pekín. Documento de Opinión IEEE 105-2016. Disponible en: http://www.ieee.es/publicaciones-new/documentos-de-opinion/2016/DIEEEO105-2016.html

Cortina, G. (2016). La nueva política de seguridad de Japón. Recuperado de: http://www.infodefensa.com/es/2016/03/28/opinion-nueva-politica-seguridad-japon.php

Echevarria II, A. (2016). Operating in the Gray Zone: An Alternative Paradigm for U.S. Military Strategy. Us Army War College. Recuperado de: https://apps.dtic.mil/dtic/tr/fulltext/u2/1013691.pdf

Erickson, A. (2017). Understanding China’s Third Sea Force: The Maritime Militia. [online] Medium. Disponible en: https://medium.com/fairbank-center/understanding-chinas-third-sea-force-the-maritime-militia-228a2bfbbedd

Gady, F. (2018). Japan to convert Izumo-Class Into F-35-Carrying Aircraft Carrier. The Diplomat. [online] Disponible en: https://thediplomat.com/2018/12/japan-to-convert-izumo-class-into-f-35-carrying-aircraft-carrier/

Gilli, A., & Gilli, M. (2019). Why China Has Not Caught Up Yet: Military-Technological Superiority and the Limits of Imitation, Reverse Engineering, and Cyber Espionage. International Security, (43), 141-189. Disponible en: https://www.mitpressjournals.org/doi/full/10.1162/isec_a_00337

Graham, A. (2017). The Thucydides Trap. Foreign Policy. [online] Disponible en: https://foreignpolicy.com/2017/06/09/the-thucydides-trap/

Green M., & Shearer, A. (2019). Countering China’s Militarization of the Indo-Pacific. Recuperado de: https://warontherocks.com/2018/04/countering-chinas-militarization-of-the-indo-pacific/

Haddick, R. (2019). Salami Slicing in the South China Sea. Foreign Policy. [online] Disponible en: https://foreignpolicy.com/2012/08/03/salami-slicing-in-the-south-china-sea/

Harold, S., Nakagawa, Y., Fukuda, J., Davis, J., Kono, K., Cheng, D., & Suzuki, K. (2019). The U.S.-Japan Alliance and Deterring Gray Zone Coercion in the Maritime, Cyber, and Space Domains. RAND Corporation.

Ibáñez, F. (2019). La Nueva Ruta de la Seda: La expansión marítima china. Ejércitos, [online] (8), pp.32-35. Disponible en: https://www.ejercitos.org/2019/03/22/la-nueva-ruta-de-la-seda/

Jordán, J. (2019). Cómo contrarrestar estrategias híbridas. [online] Grupo de Estudios en Seguridad Internacional. Disponible en: https://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/c%C3%B3mo-contrarrestar-estrategias-h%C3%ADbridas-0.

Kennan, G. (1948). 269. Policy Planning Staff Memorandum. Washington: National Security Council. Recuperado de: http://academic.brooklyn.cuny.edu/history/johnson/65ciafounding3.htm

Liang, Q., & Xiangsui, W. (1999). Unrestricted Warfare. Beijing: PLA Literature and Arts Publishing House Arts. Disponible en: https://www.c4i.org/unrestricted.pdf

Livermore, D. (2019). China’s “Three Warfares” In Theory and Practice in the South China Sea. [online] Georgetown Security Studies Review. Disponible en: http://georgetownsecuritystudiesreview.org/2018/03/25/chinas-three-warfares-in-theory-and-practice-in-the-south-china-sea/.

Mazarr, M. (2015). Mastering the Gray Zone: Understanding a Changing Era of Conflict. US Army War College. Retrieved from https://ssi.armywarcollege.edu/pubs/display.cfm?pubID=1303

Morris, L. (2019). The Maritime Issues. [online] http://www.maritimeissues.com. Disponible en: http://www.maritimeissues.com/politics/gray-zone-tactics-and-their-challenge-to-maritime-security-in-the-east-and-south-china-sea.html

Office of the Secretary of Defense (2019). Military and Security Developments: Involving the People’s Republic of China 2019. Washington.

Panda, A. (2018). 4 China Coast Guard Vessels Enter Japan-Administered Waters Near Disputed East China Sea Islands. The Diplomat. [online] Disponible en: https://thediplomat.com/2018/01/4-china-coast-guard-vessels-enter-japan-administered-waters-near-disputed-east-china-sea-islands/

Prézelin, B. (2016). Flottes de combat 2016 (1ª ed., pp. 349-362). Rennes: Éditions Maritimes et d'Outre Mer.

Pulido, G. (2018). La Batalla Multidominio y el nuevo carácter de la guerra. Ejércitos, [online] (6). Disponible en: https://www.ejercitos.org/2018/11/08/la-batalla-multidominio/

Raska, M. (2019). China and the 'Three Warfares'. [online] The Diplomat. Disponible en: https://thediplomat.com/2015/12/hybrid-warfare-with-chinese-characteristics-2/.

Rodríguez, R. (2019). Fuerzas de operaciones especiales en los conflictos en la "Zona Gris". Granada: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional. Recuperado de: http://seguridadinternacional.es/?q=es/content/fuerzas-de-operaciones-especiales-en-los-conflictos-en-la-zona-gris

Shing, S., & Yamamoto, L. (2015). Spectre of China's artificial islands. Indian Defence Review, (20.3 Jul-Sep 2015). Recuperado de: http://www.indiandefencereview.com/news/spectre-of-chinas-artificial-islands/

"South China Sea Incident Tracker", Csis-ilab.github.io, 2019. [Online]. Disponible en: https://csis-ilab.github.io/cpower-viz/csis-china-sea/.

Schreiber, C. (2019). El futuro de China y Rusia como aliados en el ciberespacio. Granada: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional. Recuperado de: http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-futuro-de-china-y-rusia-como-aliados-en-el-ciberespacio

Stires, H. (2019). The South China Sea Needs a ‘COIN’ Toss. Proceedings, (Vol. 145/5/1,395). Disponible en: https://www.usni.org/magazines/proceedings/2019/may/organize-combat-logistics-high-end-fight

Stires, H. (2019). Why We Defend Free Seas: Why China's South China Sea Challenge Matters. Recuperado de: https://nationalinterest.org/blog/buzz/why-we-defend-free-seas-why-chinas-south-china-sea-challenge-matters-56157

Storey, I. (2015). China’s Terraforming in the Spratlys: A Game Changer in the South China Sea?. ISEAS Perspective, (29). Disponible en: https://www.iseas.edu.sg/images/pdf/ISEAS_Perspective_2015_29.pdf

Supervielle, F. (2019). Ciberseguridad Naval. Un grave riesgo para la seguridad naval. Ejércitos, (9). Recuperado de: https://www.ejercitos.org/2019/05/18/ciberseguridad-naval/

U. S. Chamber of Commerce (2019). Made in China 2025: Global Ambitions Built on Local Protections. Washington.

U. S.  Deparment of Defense. (2019). Indo-Pacific Strategy Report. Preparedness, Partnerships, and Promoting a Networked Region. Washington D. C.: The Deparment of Defense.

U.S. Special Operations Command. (2015). The Gray Zone. U.S. Special Operations Command. Disponible en: https://info.publicintelligence.net/USSOCOM-GrayZones.pdf

Valencia, M. (2019). Might China Withdraw From the UN Law Of The Sea Treaty?. [online] The Diplomat. Disponible en: https://thediplomat.com/2019/05/might-china-withdraw-from-the-un-law-of-the-sea-treaty/.

Vilches Alarcón, A. (2018). Las Flotas Mosquito: ¿Solución temporal o apuesta de futuro?. Ejércitos, (2). Recuperado de: https://www.ejercitos.org/2018/09/11/las-flotas-mosquito

Villanueva, C. y Pulido, G. (2018). Letalidad Distribuida: El nuevo concepto operativo de la US Navy. Ejércitos, [online] (3). Disponible en: https://www.ejercitos.org/2018/09/24/letalidad-distribuida/.

Villanueva, C. (2018). Third Offset Strategy. ¿Preludio de una Revolución Militar?. Ejércitos, [online] (1). Disponible en: https://www.ejercitos.org/2018/07/16/third-offset-strategy/

Wilson III, I., & Smitson, S. (2017). Are Our Strategic Models Flawed? Solving America’s Gray-Zone Puzzle. Carlisle: US Army War College. Recuperado de: https://ssi.armywarcollege.edu/pubs/parameters/issues/Winter_2016-17/8_WilsonandSmitson.pdf

Votel, J., Cleveland, C., Connett, C., & Irwin, W. (2016). Unconventional Warfare in the Gray Zone. Joint Force Quarterly, (80). Recuperado de: https://ndupress.ndu.edu/JFQ/Joint-Force-Quarterly-80/Article/643108/unconventional-warfare-in-the-gray-zone/