¿A qué se debe el incremento de fuerzas rusas en el avispero sirio?

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Desde el inicio del conflicto Rusia ha apoyado militarmente al régimen de Bashar Al Assad. No obstante, en las últimas semanas se ha detectado un incremento de la presencia militar rusa en Siria que plantea interrogantes sobre la finalidad de dichas fuerzas y sobre una eventual implicación directa de Moscú en defensa de su aliado sirio.

Rusia ha tratado de mantener un perfil informativo bajo en el despliegue de esas nuevas unidades. Sin embargo, las fotos publicadas por algunos de sus soldados en las redes sociales y la inteligencia de imágenes de fuentes abiertas, proporcionada entre otros por Stratfor, están convirtiendo el despliegue militar en un acontecimiento que atrae cada vez más atención de los medios de comunicación internacionales. Por lo que Moscú ha reconocido públicamente su existencia.

Carro de combate T-90

Vehículo de combate de infanteria BTR-80

 

Avión de combate Su-30

Avión de ataque al suelo SU-25

Avión de combate Su-24

 

Helicóptero de ataque Mi-24

 

Rusia sostiene que los envíos están dirigidos a proteger fuerzas posicionadas anteriormente, como las que atienden las instalaciones navales de Tartus. Y es verdad que, por ahora, el despliegue consiste básicamente en una pequeña agrupación aérea expedicionaria, acompañada de unos doscientos infantes de marina y de algunos medios acorazados para protegerla. Sin embargo, hay indicios que se pueden interpretar como una preparación para misiones más ambiciosas. Por ejemplo, los trabajos de acondicionamiento de instalaciones militares que pueden llegar a acoger hasta dos mil efectivos, el inicio de vuelos de reconocimiento de drones sobre Siria o la creación de un centro de coordinación militar entre Rusia, Siria, Irán e Irak en Bagdad para coordinar sus acciones contra el Daesh. 

Pero más allá de los hechos, es interesante preguntarse por los motivos que impulsan el compromiso de Moscú –sin descartar una intervención directa en un futuro quizás no lejano– en un conflicto intratable y de desenlace altamente incierto.

La razón más obvia es que el régimen de Bashar Al Assad se encuentra en una situación cada vez más apurada, al límite de sus fuerzas y con pérdidas constantes de territorio. Y que Rusia, que como decimos ha venido dándole apoyo desde el inicio de la guerra civil no puede permitir su caída por los siguientes motivos:

  • Siria es la principal baza de Rusia en Oriente Medio. Si Moscú quiere convertirse en un actor relevante en la región, debe evitar el colapso de su aliado.
  • Si el régimen de Bashar Al Assad cayese, Rusia se encontraría en el bando perdedor, lo que dañaría gravemente su prestigio y capacidad de influencia en la zona.
  • La presencia y la influencia de Estados Unidos en la región es todavía relevante, pero tiende a disminuir. Washington desea reinstaurar el equilibrio de poder entre el bloque iraní y el bloque liderado por los saudíes, para desempeñar un rol de offshore balancer. Lo cual le permitirá reducir el ancho de banda dedicado a la región y concentrar sus energías en Asia Pacífico (contrapeso a China). Al convertirse en un actor importante en Siria, Rusia está tratando de ocupar parte del espacio dejado por Washington. Según Fyodor Lukyanov, editor de Russia in Global Affairs, “el incremento de la influencia de Rusia es directamente proporcional al declive de la influencia norteamericana en la región”.
  • En ese sentido, Rusia desea transmitir una imagen de fuerza y coherencia, frente a la política –percibida cuanto menos como errática– de Estados Unidos en Oriente Medio desde hace ya unas varias décadas.
  • Y, por último, el mayor protagonismo de Rusia en Siria –un lugar que atrae la atención mundial– es una oportunidad para que Moscú recupere su estatura internacional tras el deterioro que ha sufrido su imagen con motivo del conflicto de Ucrania. Por el momento, los israelíes ya han establecido contactos militares con Moscú para evitar incidentes en Siria y, a su vez, Rusia ha ofrecido a Estados Unidos la oportunidad de iniciar conversaciones al respecto. Algo que muy probablemente el Pentágono –con el permiso de la Casa Blanca– acabará haciendo más pronto que tarde. No para bombardear de manera coordinada al Daesh, pero sí al menos para no chocar de manera involuntaria en el teatro de operaciones sirio.